Cavilación automotriz

En esta semana se llevó a cabo en Bogotá la novena jornada del “día sin carro”, que se realiza el primer jueves de febrero y que fue aprobada por los habitantes de la ciudad en la consulta popular de 2000. Durante esta día no pueden circular autos particulares por la ciudad durante 14 horas aproximadamente. El objetivo fundamental de la jornada es hacer que las personas tomen conciencia de las ventajas ecológicas, sociales, económicas y cívicas que tiene usar el transporte público o los medios alternativos de transporte. Sin embargo, la jornada que fue un espacio festivo y reflexivo en sus primeras versiones, ha pasado a ser un día más dentro del año que genera serias reflexiones acerca de la movilidad en la Capital del país.

  1. El nombre del “día sin carro” está desgastado y fuera de contexto, se debería llamar el “día del taxi” o el “yellow day” –de paso se puede convertir en atractivo turístico- por la mancha amarilla que se ve por cualquier avenida de la ciudad. Es evidente la sobreoferta de taxis en la ciudad, ya sea por la piratería o por la voracidad de las empresas de taxis que sólo ven en cada carro el dinero del cupo, que puede ser de seis a diez millos de pesos según la empresa, sin que les importe la movilidad de los demás taxis.
    Aunque en las troncales de Transmilenio el pecho se henchía de orgullo al ver en las esquinas la bandera de Bogotá en sus tonalidades rojo Trasmilleno y amarillo 1111111.
  2. Quienes defienden las ventajas ecológicas que tiene esta jornada deberían estar más atentos al cielo que a los reportes de las máquinas y el papel. El fantasma contaminante que descansa sobre la ciudad, que en otras latitudes se conoce como smog, no se vio afectado por la ausencia de carros particulares. De poco sirve promover el transporte público si andan por la calles sendas fumarolas atestadas de personas con las caras largas desde la mañana; más si se tiene en cuenta que el 75% de la población de la ciudad utiliza el transporte público, mientras que el 19% lo hace en sus vehículos particulares.
  3. El transporte público en un falso eufemismo en la ciudad, porque las empresas están en manos privadas que se comportan como mafias. Es un servicio ineficiente, desordenado, sucio, contaminante y peligroso por la precariedad de las condiciones mecánicas de muchas de esas antigüedades, que cobijados en la mampara de la “repotenciación” violan la ley y ponen en peligro la vida de los pasajeros. Muchos de los accidentes que involucran buses, busetas y colectivos se presentan por fallas mecánicas.
  4. Transmilenio funciona a tope todos los días, incluso los fines de semana, sólo reporta un incremento del 3% con respecto al flujo de pasajeros en otros días. Las ciclurutas, aunque son un espacio importante dentro de la ciudad, no están conectadas entre sí, por los que los ciclistas deben arriesgarse a utilizar las vías con los demás carros y buses.
  5. Los comerciantes, como plañideras económicas, siempre hablan del desastre económico de ese día. Las estaciones de gasolina ven reducidas sus ventas cuando el precio del combustible está cerca del precio internacional, los parqueaderos están en su mínima ocupación, sin embargo cobran por fracciones de 15 minutos y en muchos aumentaron escandalosamente los precios para hacer más rentable su negocio. El 75% de la población utiliza el transporte público, esos vehículos se mueven por combustible diesel o gas natural; así que los “gasolineros” no tiene porqué llorar. Los comerciantes aún están disfrutando de las ganancias de diciembre, (que según datos de FENALCO presentaron un incremento del 35%, con respecto a la temporada navideña anterior), pero gimotean por los miles de clientes que usan el carro para hacer compras un día laboral.
  6. El precario estado de las vías de la ciudad resta velocidad a la movilidad de la ciudad. Si bien entraron 80 mil carros nuevos a la ciudad el años pasado, las vías son insuficientes para tanto vehículo. No se trata de estigmatizar el uso de carros particular, sino estimular el uso del transporte público, atractivo para la ciudadanía en términos de rapidez, puntualidad, compromiso con el aire puro y eficiencia de las rutas. Si para los ciclista es un calvario encontrar un parqueadero, la seguridad es un milagro excepcional que desestimula el uso de la bicicleta.

Son muchos los enemigos de la masificación del transporte público, tienen en dinero y el poder para manejar las políticas de movilidad. Se necesita del compromiso serio de los gobernantes para sacar adelante ese ideal de ciudad que todos quieren, una ciudad amable, vital y limpia.

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