Archivo | septiembre 2007

Análoga realidad

De fiesta está el furibismo con las cifras que hablan del majestuoso crecimiento económico de la nación, que no logra disminuir los groseros niveles de pobreza . Sin embargo, hay muchos que se quedaron por fuera de la celebración porque no tenían motivos. Enterrados quedaron los once diputados asesinados por la insensata guerrilla y el país continúa generando noticias, en esa marea que no permite análisis ni reflexión.
Mientras el PIB creció un 7.8%, impulsado por la industria, el comercio y los bancos (que siempre ganan), el agro creció un modesto 2.38%, menos de una tercera parte respecto a los demás sectores. Esta cifra habla claramente de la gestión del Ministerio de Agricultura, cuya cabeza más visible anda en el fútil oficio de pavonearse entre las cámaras y los micrófonos.
Resulta preocupante para la política de Seguridá (sic) Democrática que el campo no crezca al ritmo de los industriales y comerciantes, cuando se alaba el retorno de la tranquilidad al viajar por carretera en vacaciones y la recuperación de territorios. La principal causa de la guerra está asociada con las problemáticas de la tierra, pues es en el campo donde se profundizan la desigualdad, la pobreza y el analfabetismo; guerrilla, paramilitares y ejército encontrarán personas dispuestas a tomar un arma como única opción ante el hambre y las necesidades.
Con el ministro abanderando una causa política exhibiendo tozudamente la camiseta “No al despeje”, entorpeciendo las gestiones de Piedad Córdoba (quien ha hecho en un mes lo que el Comisionado Restrepo no ha logrado en cinco años), los resultados del sector agropecuario y ganadero nunca estarán al ritmo de crecimiento de sus competidores.
Las causas del crecimiento están asociadas a fenómenos externos como el alto precio del café en el mercado internacional y a la gran demanda de ganado desde Venezuela. Es una desgastada excusa de los cortesanos del Palacio la que atribuye los éxitos económicos a las políticas gubernamentales y los fracasos al hostil clima exterior.
Para las clases dominantes, el progreso en el campo no es un buen negocio, pues con la ignorancia detentan el absurdo poder gamonalista de las regiones que es usado contra de quien cuestione su proceder. Indígenas, campesinos y sindicalistas son perseguidos por el estado terrateniente que ignora sus reclamos y necesidades. Muchos de esos finqueros llegan hasta el solio de Bolívar para defender sus intereses, tal vez por esta razón sería que Colombia no votó la declaración de la ONU que protege a los pueblos indígenas, debido a que dicho documento ofrecía garantías de tipo político y social como autonomía, autogobierno, respeto a territorios tradicionales y lugares religiosos. Estos elementos impiden el desarrollo voraz del capitalismo, visto por estos pueblos como una maldición del hombre blanco que no respeta el valor de la vida.
Al desconocer la declaración, el Estado omite la consulta previa para el desarrollo de proyectos, la explotación de los recursos del subsuelo y el ingreso de militares a zonas indígenas. Esta situación será aprovechada por los tradicionales hacendados para ampliar los linderos de sus extensas propiedades y atropellar a un pueblo menospreciado. A las malas se sacarán adelante proyectos como el puerto carbonífero de Dibulla (si pasa el puerto en Barú, cerca de Cartagena, seguramente pasarán con mayor facilidad los demás proyectos que vienen) o Urrá 2, que tras la mampara de aliviar las tradicionales(!) inundaciones el la zona de la Mojana (zona que visita el presidente Uribe sin ofrecer una solución eficaz y definitiva) busca construir una mega-obra en medio del territorio sagrado para los indígenas Embera Katíos.
Mientras el Estado aterroriza al ciudadano común, otros paisanos gozan de los privilegios de militar en el partido de gobierno sin importar quien mande en el Palacio de Nariño. El servicio diplomático nacional sirve de alevoso ejemplo al pagar una salario de 16.300 euros a la embajadora en España, Nohemí Sanín, mientras que el jefe de gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, gana 7.080 euros al mes. La otra cara de la moneda está en Ernesto Rojas y Jaime Escobar Rubio Escobar, quienes por honor salieron del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) respectivamente. Rojas abandonó el DANE porque no dejó que Planeación Nacional manejara las cifras a su acomodo y Rubio Escobar porque tuvo el valor de enfrentar a los bancos (Recuerde: ellos nunca pierden).
Si Planeación Nacional muestra con orgullo los logros de su gestión mientras que el director de DANE sale por diferencias con la metodología de medición de las cifras, un denso manto de dudas se generan frente a la fiesta. ¿Quién habla mal de una fiesta donde se está gozando sin invertir un peso?
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Esteroides democráticos

La democracia es el escenario donde la voz del pueblo se hace sentir, pero no significa necesariamente que éste tenga la razón. Con el índice de abstención que se aproxima al 60% y una notoria incidencia de los grupos armados ilegales, el panorama democrático del país se presenta lleno de dudas e incertidumbres.
Los planes programáticos de los partidos brillan por su ausencia, solamente aparecen vacuas ideas condensadas en un eslogan publicitario. Frases carentes de creatividad, fotografías semejantes a las de una agencia matrimonial y una avalancha de vallas, camisetas, carteles, chaquetas, calcomanías, afiches y demás invenciones de la publicidad política, hacen evidente la aridez de las ideas en las cabezotas de los que se hacen llamar “creativos”, o al menos posan de serlo mientras que llenan sus bolsillos.
Contradiciendo las más elementales leyes de la economía clásica, a mayor oferta de candidatos para los cargos de elección popular, menor es el beneficio para el consumidor, es decir el elector.
Aparece una variopinta oferta de candidatos. La mayoría de ellos oscilan entre lo pintoresco y la falta de atractivo, no aportan una idea atractiva y sensata al proceso electoral ni a la democracia. Por las calles se ven dos personajes que evidencian la eficacia de esta epidemia electoral. El primero es un tipo disfrazado de dictador tropical que se proclama “El General de la Paz”, un discurso prostituído y manoseado más allá de la decencia y el sentido común (cosa que definitivamente no tienen los políticos), quien por su peculiar indumentaria hace recordar obligatoriamente a aquel panameño rey de aquel pegajoso y monótono ruido conocido como “el meneíto”(maldito antecesor del reguetón) que respondía al nombre de Edgardo Franco, reconocido como “El General”; así, simple como sus letras pero no confundirlo con el generalísimo Franco. El segundo personaje, registra en su hoja de vida dos apariciones en el libro de récord Guinnes por elaborar zapatos de gran tamaño y se presenta ante el electorado con el noble principio de hacer un edificio zapato(!), seria afrenta para el déficit de vivienda de interés social. De ser elegido, nada tendríamos los colombianos que envididiarle a ciudades como New York, Bilbao, Sydney o Barcelona con los museos Guggenheim, el Teatro de la Ópera o el legado de Antonio Gaudí.
Para cualquier colombiano es atractivo un trabajo con un sueldo de 12 millos de pesos mensuales, cuatro meses de vacaciones, carro propio con sus gastos pagos durante cuatro años y la seguridad de devengar una honrosa pensión de vejes antes de los 55 años. También se deben tener en cuenta los incentivos particulares por ayudar a aprobar ciertas leyes. Es allí donde la corrupción encuentra el camino allanado para caminar sin vergüenza por las oficinas públicas. Si caen en la tentación los curtidos políticos que envejecen en el Congreso, cómo no lo harían los debutantes.
Más allá del discurso demagógico que se sustenta en argumentos clasistas, se hace necesario que la sociedad obligue a los políticos de oficio a darle altura a la contienda electoral y así enriquecer la democracia. Con sesudos debates las ideas actúan en el pueblo como los esteroides en los atletas, haciéndolos crecer; más aun cuando nuestra democracia y el sistema electoral presentan graves fallas. Se trata de que a las corporaciones públicas lleguen las personas más capaces y mejor preparadas, con una madurez política que los haga resistentes a las prácticas de los politiqueros y corruptos, y con un claro compromiso de servicio al bienestar de sus ciudades.
Tristemente predominan los advenedizos, tienterillo, leguleyos, marrulleros y manzanillos que llegan a desilusionar hasta el más insoportable de los optimistas (Sí, usted, Jorge Duque Linares), quienes prolongan la corrupción y viejos resabios politiqueros para perpetuarse en el poder. Son estos personajes los que restan legitimidad en el electorado, cuya desesperanza se manifiesta el los altísimos índices de abstención.
Contrariamente a la falta de ideas abundan los partidos políticos que no defienden una idea sino el culto a un personaje de ínfulas mesiánicas. No se distinguen entre si, aunque todos se proclaman netos uribistas. La izquierda está opacada por la bellaquería de las FARC y el choque de egos en su interior. Personajes brillantes, sensatos, analítico y serios que resisten a radicalizarse con rotulados como “personas sin carácter” se diluyen en la confusión creada por el aparatoso ritmo de las noticias que van de nota en nota buscando el próximo escándalo y el confuso código electoral.
Cuando las ideas no son centro de discusión y el impacto mediático importa más que las convicciones políticas, el terreno para que aquellos que por medio de las armas, la muerte y el terror se hace más fácil de recorrer. Tristemente se repetirá la influencia de los grupos paramilitares (falsamente desmontados) por otros cuatro años, y el país seguirá pendiente de los escándalos y las capturas que del valor de las ideas.

Belleza de papel

Nada tienen que ver los ”bellos” de Colombia (según la revista TV y Novelas, que para asombro de muchos leo cuando cae en mis manos) con los rostros de aquellas personas que caminan por las calles del centro de Bogotá o que abordan una buseta con el ánimo de luchar días tras día, cinco veces a la semana.
Desde la última década, los televidentes asisten a una invasión extranjera que anula lentamente la identidad de un país que tiene muchas regiones dentro de sí. Colombia es una nación rica en variedad de culturas y la televisión era una de las abanderadas de la defensa de los conceptos de orgullo e identidad. Novelas como Azúcar, Café o La Casa de las Dos Palmas, aunque con un claro concepto regionalista, eran motivo de orgullo para los televidentes.
Con la llegada de la globalización, lo criollo (que representa aquello que creemos nuestra identidad) comenzó a ser eclipsado por extraños y distantes conceptos estéticos. A pesar de que venían artistas del tipo latino, su metamorfosis aceptaba dócilmente el american way of life. Personajes sin ángel ni fuerza, historias sosas que revivieron los esquemáticos y predecibles “culebrones” venezolanos y mexicanos. Sin embargo, estos reptiles televisivos de carácter prehistórico evolucionaron en su forma y ahora se hace un derroche de opulencia, buena vida y eso que algunos aristócratas decadentes llaman “estilo”.
Si todos los caminos llegan a Roma, todos los culebrones contemporáneos se desarrollan en Miami. Sus protagonistas hacen gala de unos conceptos estéticos distantes de la esencia latina. Los personajes son monocromáticos, solitarios, conflictivos y egoístas. Apoyado en el bélico libro de Samuel Huntigton acerca del peligro que representan los inmigrantes latinos para los Estados Unidos, para el latino su familia, el trabajo, la amistad y la diversión son parte fundamental de su vida. Compromiso, amor, solidaridad y alegría son pilares comunes dentro de las naciones latinas y caribeñas.
Es en este extenso, profundo y sólido campo cultural donde el coloso no pudo sentar su bandera, a pesar de sus Rambos, vaqueros ni astronautas. La estrategia que empleó fue crear vergüenza, como la que sintieron Adán y Eva al verse desnudos por primera vez. Culturalmente se ignora al indio, el vigilante, la empleada doméstica. Estos personajes se ridiculizan de tal forma, que llegan a ser extraños, distantes, casi repugnables.
Muchos asocian a Miami con el paraíso, donde Adán no siente pena de andar desnudo si está montado en un carro último modelo, ni Eva por estar forrada en las telas del diseñador de moda. Otros osados se dan cuenta de que no eran tan millonarios como pensaban al vivir en aquellas tierras y recuerdan con nostalgia las caras de las personas que querían.
Los bellos del país no hacen caso de las balas que cruzan sobre las cabezas de los campesinos en medio de un fuego cruzado, ni van caminando por las calles comiendo un roscón de arequipe. NO. Su inútil función es la de posar para ser imitados y estar allí viviendo del cuento, ignorando aquellas madres que trabajan en doble jornada (oficina y hogar), aquellos hombres que creen obcecadamente en le valor del trabajo honesto y no sucumben ante la tentación del dinero fácil, y aquellos niños que quieren parecerse a Enimen (Un blanco disfrazado de negro).

Sólo ha pedido la humanidad

Con los atentados terroristas de hace seis años en Estados Unidos se inició la denominada “Guerra contra el Terrorismo”. Actualmente esta amenaza sin nación, ejército, territorio ni bandera no ha desaparecido, por lo tanto es una guerra que se está perdiendo. Los únicos ganadores son los mentirosos que utilizaron la mampara del miedo a los grupos radicales para beneficiarse en la política, la economía y desde luego, acumular una ganancia ocasional con el miedo y la sangre de otras personas.
Enfundado en el falaz papel de “defensor de la libertad” George W. Bush, quien a pesar de ser reelegido tiene unos niveles de popularidad tan bajos como los de Richard Nixon antes de salir de la Casa Blanca, atacó una nación miserable como Afganistán y luego buscó la revancha con Irak, para terminar lo que su “papi” no pudo hacer. Argumentando la existencia de armas químicas en Irak, las únicas que fueron encontradas estaban en poder de las tropas norteamericanas que usaron fósforo blanco para atacar reductos fieles a Saddam Hussein, en una clara violación a las normas del Derecho Internacional Humanitario (DIH), invadió, amparado en los países de la Coalición con el fin de “reestablecer la democracia y la libertad”.
Resulta paradójico que en dicho país, que defiende los valores de la libertad (Freedom y Liberty son dos acepciones inglesas para esta palabra), se promulguen leyes que restrinjan los derechos civiles de los ciudadanos, pues la Patriot Act casi estaba firmada antes de que colapsaran las Torres Gemelas. Es un mensaje contradictorio, también, que dicho gobierno patrocine casos como los de Abu Grahib, Guantámano y esa abominable práctica de ejecutar secuestros y torturas con el auspicio de otros gobiernos como Turquía y Jordania.
La única justificación de esta guerra está en el campo económico. El precio del petróleo se ha duplicado desde que se aseguró el control sobre las reservas de Irak (hace seis el precio variaba entre 35 y 40 dólares) y la reciente crisis en la bolsa de valores, originada en la problema inmobiliario gringo que estaba inflado por los créditos sub-prime, no son señales alentadoras acerca del futuro económico cercano. Los únicos beneficiados con esta guerra es la plutocracia neoconservadora que llevó a un incompetente como Bush a Washington. Sus pobres resultados como empresario en el pasado así lo confirman. Corporaciones como Carlyle, propiedad de George Bush, padre, y Halliburton, de la cual Dick Cheney fue Presidente, son algunas de las empresas favorecidas con el negocio del petróleo Iraquí, la reconstrucción de las obras civiles, contratos de armamento y material de intendencia para las tropas del medio oriente. Evidentemente alguien tenía que ganar.
El terrorismo es usado como arma mediática, electoral y económica en Estados Unidos. La inminencia de un ataque terrorista coincide con la baja en la popularidad del presidente o en el pasado escenario electoral, donde un desangelado Kerry se dejó robar las elecciones. De estas amenazas nunca se conocen arrestos, planes ni nombres. Solamente una escueta información oficial que transcriben cómodamente periodistas acéfalos. Como estrategia mediática funcionó en las fiestas posteriores a los ataques: Las vitrinas y centros comerciales derrochaban patriotismo estrellado y con las franjas rojiblancas mucho tiempo después de iniciado el año nuevo.
Algunos esbirros se aunaron de forma oportunista a esta “Guerra contra el Terrorismo”. Uno de ellos es el señor Álvaro Uribe Vélez, quien no pierde ningún momento en afirmar tontamente que no hay conflicto mientras solicita ayuda para ejecutar el Plan Colombia, Patriota, Consolidación, Benitín o Calvin (Como deseen llamarlo da igual). Pero la llegada de influyentes y estudiosos congresistas demócratas a la cúpula del poder legislativo es un escollo que el Capataz del Ubérrimo no ha podido solucionar para su beneficio, que no es el mismo de la nación. No es suficiente con nombrar ministros negros, sacar del proceso “para” a los mayores narcotraficantes del país, agarrar a “Don Diego” ni mostrar las cifras de la “seguridá democrática” para convencer a sectores críticos del gobiernos desde hace ya mucho tiempo.
Más allá de las lágrimas y las incansables repeticiones de las imágenes de los atentados, de los documentales acerca de las razones por las que colapsaron la Torres y de la solemnidad de los actos, queda por decir que las consecuencias no dejan lugar a la esperanza de un mejor futuro. La Xenofobia renace nuevamente contra todo lo que es distinto en los países industrializados, mientras que en Bogotá un grupo Neonazi (un anacronismo total desde el puesto de vista ideológico, territorial e histórico) asesina a un joven de 24 años por el hecho de ser distinto.

In Extremis:
También se conmemoran 36 años del brutal asalto de las Tropas de Augusto Pinochet al Palacio de la Moneda que le costó la vida a Salvador Allende, presidente elegido democráticamente por el pueblo chileno. Otra de las perlas históricas del gobierno de Estados Unidos.
· Referencias literaria: Amós Oz. Contra el terrorismo. La temible impostura. Tierra Meissan
· Referencias audiovisuales: I’m afraid of Americans.http://www.youtube.com/watch?v=slKNd22GGaQ Imagine http://www.youtube.com/watch?v=jpqKA9_ddFk

Hidra Colombiana

El conflicto armado que vive el país no terminará si no se atacan las profundas inequidades sociales. De nada bastará matar los protagonistas de la guerra como el “Negro Acacio”, quienes resucitarán con otro nombre en otra miserable región, eso sí, armado y con una mayor crueldad.
No es un secreto que el alimento de ese voraz monstruo que azota el país desde hace más de un siglo es el desequilibrio social. Mientras algunos aplauden que las ganancias de los bancos durante el presente año se hayan incrementado en un 33%, voltean a mirar a otro lado en los semáforos para no ver a los desplazados ni vendedores informales y no contemplan la idea de mirar al sur de los cerros de la ciudad. La pobreza en Colombia es evidente en cada esquina, donde las paradojas resultan groseras.
Si en las ciudades es clara esta situación de miseria, en el campo es dramática, pues allí solamente hace presencia el Estado con las botas y los fusiles. El narcotráfico, la guerrilla o el paramilitarismo son las únicas bolsas de empleo en esas zonas, que son reconocidas por un país idiotizado cuando estalla la violencia como paréntesis entre goles y siliconas en los noticieros de televisión.
La muerte de personajes como el “Negro Acacio” es un golpe mediático positivo para el oportunista y polémico Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, cuya gestión es cuestionada hasta por los simpatizantes del gobierno, por los enredos de los falsos positivos y la interceptación ilegal de llamadas. Pero la utilidad táctica de esta muerte es inútil, pues aparecerán los sucesores aun más violentos y crueles que su antecesor.
En una espiral de violencia interminable, aparecieron los sucesores de los bandoleros “Desquite” y “Sangrenegra”, de los Castaño y Tirofijo. Como la mitológica Hidra, monstruo de múltiples cabezas del que salían dos nuevas cuando le era decapitada una, los tristes protagonistas de esta tragedia simplemente reencarnarán en otra persona.
Una guerrilla vetusta, ilegítima al enarbolar la bandera de la revolución, que hiere al país con su violencia irracional, su terquedad política, su sesgo ideológico, que ha privilegiado el elemento militar para justificar el narcotráfico y el secuestro, y que ha dice luchar por un pueblo que le teme, le hace un daño inconmensurable a aquellos sectores críticos del gobierno, que no duda en señalarlos con incómodos rótulos como “enemigos de la democracia” y “simpatizantes del terrorismo”.
Las causas del conflicto son políticas y su solución dista del camino militar. Hay que hallar la salida política y atacar su fuente: las inequidades, ignoradas por la élite mediocre y egoísta del país, que hizo de ella la fuente de sus privilegios.