Belleza de papel

Nada tienen que ver los ”bellos” de Colombia (según la revista TV y Novelas, que para asombro de muchos leo cuando cae en mis manos) con los rostros de aquellas personas que caminan por las calles del centro de Bogotá o que abordan una buseta con el ánimo de luchar días tras día, cinco veces a la semana.
Desde la última década, los televidentes asisten a una invasión extranjera que anula lentamente la identidad de un país que tiene muchas regiones dentro de sí. Colombia es una nación rica en variedad de culturas y la televisión era una de las abanderadas de la defensa de los conceptos de orgullo e identidad. Novelas como Azúcar, Café o La Casa de las Dos Palmas, aunque con un claro concepto regionalista, eran motivo de orgullo para los televidentes.
Con la llegada de la globalización, lo criollo (que representa aquello que creemos nuestra identidad) comenzó a ser eclipsado por extraños y distantes conceptos estéticos. A pesar de que venían artistas del tipo latino, su metamorfosis aceptaba dócilmente el american way of life. Personajes sin ángel ni fuerza, historias sosas que revivieron los esquemáticos y predecibles “culebrones” venezolanos y mexicanos. Sin embargo, estos reptiles televisivos de carácter prehistórico evolucionaron en su forma y ahora se hace un derroche de opulencia, buena vida y eso que algunos aristócratas decadentes llaman “estilo”.
Si todos los caminos llegan a Roma, todos los culebrones contemporáneos se desarrollan en Miami. Sus protagonistas hacen gala de unos conceptos estéticos distantes de la esencia latina. Los personajes son monocromáticos, solitarios, conflictivos y egoístas. Apoyado en el bélico libro de Samuel Huntigton acerca del peligro que representan los inmigrantes latinos para los Estados Unidos, para el latino su familia, el trabajo, la amistad y la diversión son parte fundamental de su vida. Compromiso, amor, solidaridad y alegría son pilares comunes dentro de las naciones latinas y caribeñas.
Es en este extenso, profundo y sólido campo cultural donde el coloso no pudo sentar su bandera, a pesar de sus Rambos, vaqueros ni astronautas. La estrategia que empleó fue crear vergüenza, como la que sintieron Adán y Eva al verse desnudos por primera vez. Culturalmente se ignora al indio, el vigilante, la empleada doméstica. Estos personajes se ridiculizan de tal forma, que llegan a ser extraños, distantes, casi repugnables.
Muchos asocian a Miami con el paraíso, donde Adán no siente pena de andar desnudo si está montado en un carro último modelo, ni Eva por estar forrada en las telas del diseñador de moda. Otros osados se dan cuenta de que no eran tan millonarios como pensaban al vivir en aquellas tierras y recuerdan con nostalgia las caras de las personas que querían.
Los bellos del país no hacen caso de las balas que cruzan sobre las cabezas de los campesinos en medio de un fuego cruzado, ni van caminando por las calles comiendo un roscón de arequipe. NO. Su inútil función es la de posar para ser imitados y estar allí viviendo del cuento, ignorando aquellas madres que trabajan en doble jornada (oficina y hogar), aquellos hombres que creen obcecadamente en le valor del trabajo honesto y no sucumben ante la tentación del dinero fácil, y aquellos niños que quieren parecerse a Enimen (Un blanco disfrazado de negro).
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