Análoga realidad

De fiesta está el furibismo con las cifras que hablan del majestuoso crecimiento económico de la nación, que no logra disminuir los groseros niveles de pobreza . Sin embargo, hay muchos que se quedaron por fuera de la celebración porque no tenían motivos. Enterrados quedaron los once diputados asesinados por la insensata guerrilla y el país continúa generando noticias, en esa marea que no permite análisis ni reflexión.
Mientras el PIB creció un 7.8%, impulsado por la industria, el comercio y los bancos (que siempre ganan), el agro creció un modesto 2.38%, menos de una tercera parte respecto a los demás sectores. Esta cifra habla claramente de la gestión del Ministerio de Agricultura, cuya cabeza más visible anda en el fútil oficio de pavonearse entre las cámaras y los micrófonos.
Resulta preocupante para la política de Seguridá (sic) Democrática que el campo no crezca al ritmo de los industriales y comerciantes, cuando se alaba el retorno de la tranquilidad al viajar por carretera en vacaciones y la recuperación de territorios. La principal causa de la guerra está asociada con las problemáticas de la tierra, pues es en el campo donde se profundizan la desigualdad, la pobreza y el analfabetismo; guerrilla, paramilitares y ejército encontrarán personas dispuestas a tomar un arma como única opción ante el hambre y las necesidades.
Con el ministro abanderando una causa política exhibiendo tozudamente la camiseta “No al despeje”, entorpeciendo las gestiones de Piedad Córdoba (quien ha hecho en un mes lo que el Comisionado Restrepo no ha logrado en cinco años), los resultados del sector agropecuario y ganadero nunca estarán al ritmo de crecimiento de sus competidores.
Las causas del crecimiento están asociadas a fenómenos externos como el alto precio del café en el mercado internacional y a la gran demanda de ganado desde Venezuela. Es una desgastada excusa de los cortesanos del Palacio la que atribuye los éxitos económicos a las políticas gubernamentales y los fracasos al hostil clima exterior.
Para las clases dominantes, el progreso en el campo no es un buen negocio, pues con la ignorancia detentan el absurdo poder gamonalista de las regiones que es usado contra de quien cuestione su proceder. Indígenas, campesinos y sindicalistas son perseguidos por el estado terrateniente que ignora sus reclamos y necesidades. Muchos de esos finqueros llegan hasta el solio de Bolívar para defender sus intereses, tal vez por esta razón sería que Colombia no votó la declaración de la ONU que protege a los pueblos indígenas, debido a que dicho documento ofrecía garantías de tipo político y social como autonomía, autogobierno, respeto a territorios tradicionales y lugares religiosos. Estos elementos impiden el desarrollo voraz del capitalismo, visto por estos pueblos como una maldición del hombre blanco que no respeta el valor de la vida.
Al desconocer la declaración, el Estado omite la consulta previa para el desarrollo de proyectos, la explotación de los recursos del subsuelo y el ingreso de militares a zonas indígenas. Esta situación será aprovechada por los tradicionales hacendados para ampliar los linderos de sus extensas propiedades y atropellar a un pueblo menospreciado. A las malas se sacarán adelante proyectos como el puerto carbonífero de Dibulla (si pasa el puerto en Barú, cerca de Cartagena, seguramente pasarán con mayor facilidad los demás proyectos que vienen) o Urrá 2, que tras la mampara de aliviar las tradicionales(!) inundaciones el la zona de la Mojana (zona que visita el presidente Uribe sin ofrecer una solución eficaz y definitiva) busca construir una mega-obra en medio del territorio sagrado para los indígenas Embera Katíos.
Mientras el Estado aterroriza al ciudadano común, otros paisanos gozan de los privilegios de militar en el partido de gobierno sin importar quien mande en el Palacio de Nariño. El servicio diplomático nacional sirve de alevoso ejemplo al pagar una salario de 16.300 euros a la embajadora en España, Nohemí Sanín, mientras que el jefe de gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, gana 7.080 euros al mes. La otra cara de la moneda está en Ernesto Rojas y Jaime Escobar Rubio Escobar, quienes por honor salieron del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) respectivamente. Rojas abandonó el DANE porque no dejó que Planeación Nacional manejara las cifras a su acomodo y Rubio Escobar porque tuvo el valor de enfrentar a los bancos (Recuerde: ellos nunca pierden).
Si Planeación Nacional muestra con orgullo los logros de su gestión mientras que el director de DANE sale por diferencias con la metodología de medición de las cifras, un denso manto de dudas se generan frente a la fiesta. ¿Quién habla mal de una fiesta donde se está gozando sin invertir un peso?
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