Angel Callejero

Un cuento urbano aproximado a Irvine Welsh
Soundtrack de Iggy Pop

Todavía despierto en el infierno cotidiano de mi vida, rodeado de miseria y basura. El áspero andén ha sido el anfitrión habitual de mi incesante viaje por la decadencia. Hace mucho que no sé de cortesía. Sólo recibo los insultos de aquellos que al decirme ñero, desechable, indigente, gamín, pretenden escapar a la miseria humana con su grosería y violencia. Es tan fácil llegar aquí. Una bocanada de marihuana, un pipazo de bazuco, un pase de perico o unos tragos desesperados son el inicio en este infierno que, a diferencia de muchos sitios, no se reserva el derecho de admisión.
Al caminar en las noches huyendo de los malditos que se proclaman limpiadores de la sociedad, los demonios que duermen de día emergen en aquel ejecutivo que camina apresurado hacia ninguna parte, ocupado en el vacuo oficio de sentirse importante. El universitario posmoderno que desea verse distinto vistiéndose igual a sus paisanos, la frígida empleada de banco, el médico desesperanzado que ve la muerte a diario, la prostituta, el creativo publicitario y el traqueto. Sin excepción, de todos ellos surge el demonio de fin de semana que no contempla límites y se regodea en el exceso.
“Todos quieren ser Sick Boy” me decía una turista española a la que le vendía los porros de marihuana armados y listos para soplarlos. “Es el personaje de una película de culto para nuestra generación”, decía con los ojos pequeños mientras decía que no era una yonqui, sino una ciudadana del mundo en un viaje psicotrópico. “El mundo está al revés”, pensé mientras que contemplaba a esta mujer trabada, viviendo una vida de mentiras. No sólo en el cartucho la vida es menospreciada, para esa mujer las drogas hacían parte de la rumba, su estilo de vida. En cambio para mí es el carcelero del averno diario que es mi existencia.
Maldita sociedad hipócrita, materialista y cruel. ¿Cuál es la diferencia entre un niño que chupa pegante para resistir el terrible dolor de tripas cuando no tiene nada que comer y el niño bien que huele popper porque está muy deprimido al saber que no viajará a Miami? En el infierno he visto arquitectos, publicistas, deportistas y hasta un presentador de noticias que creyeron tomar el destino de sus vidas. Una equivocada decisión que consume lentamente. Se pierde la dignidad, el honor, al autoestima y el amor por aquellos que nos dieron la espalda. Lo único importante comprar el susto en Gancho Amarillo, sin hacer reparos en las filas, la grosería de los jíbaros, el frío o la lluvia. Solamente importa alejarse de esa realidad de una mágico pipazo para enfrentar los demonios que me atormentan a diario. No importa el hambre, las amenazas de los policías del CAI de San Victorino ni el riesgo a terminar descuartizado en el container de la basura. El vicio no mide las consecuencias.
Sé que nunca voy a salir de este hueco, pues así lo he querido. Solamente ruego a dios, antes de cada pipazo, que me saque de este sufrimiento. Sea bienvenida la muerte como dulce final ante el dolor que significa estar conmigo mismo y mis pensamientos. Pero al pasar la traba y despertar nuevamente, sabré que seguiré siendo el ángel caído que repugna a dios y a su rebaño.
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