Víctimas Visibles

Tampoco hay que pasar por alto la simpatía de un amplio sector de la sociedad con el paramilitarismo, que lo considera como un mal menor en la lucha contrainsurgente y justifica todas las acciones enfocadas a este objetivo, así sean ilegales.

Las víctimas se están haciendo visibles, así sean desaparecidos enterrados en fosas comunes, torturados cruelmente o agonizando bajo la selva. Las voces de sus familias se elevan para sensibilizar una sociedad furibunda que no admite diferencias a la verdad oficial y ve en las armas el único camino hacia la solución del conflicto. Se sabe que el fin de las FARC no acabará con el origen de la violencia: pobreza, injusticia e inequidad.
La marcha del 6 de marzo tuvo una menos convocatoria que la de febrero porque las víctimas son invisibles y consideradas como un obstáculo para la “pax paraca”, que se han transformado en bandas criminales que se resisten a abandonar el poder obtenido mediante la muerte y el terror. Tampoco hay que pasar por alto la simpatía de un amplio sector de la sociedad con el paramilitarismo, que lo considera como un mal menor en la lucha contrainsurgente y justifica todas las acciones enfocadas a este objetivo, así sean ilegales.
Repugnan las celebraciones tras la muerte de “Raúl Reyes pero tampoco lamento la desaparición de un personaje tan lesivo para el país, que llenó de terror miedo e impotencia a muchas personas que solamente desean vivir en paz. Tras la baja de este destacado miembro del secretariado, que es el golpe que se estaba esperando del gobierno desde hace tiempo, es evidente el apresurado manejo mediático de la guerra. El grotesco espectáculo de exhibir el cadáver de Reyes, como un macabro botín de guerra que trae a la mente la cercanía del hombre primitivo en momentos de euforia, y el indelicado manejo que se le dio a los datos encontrados en los computadores, pues era responsabilidad de la Cancillería o el Ministerio de Defensa mas no del General Naranjo, prueba que falta mayor serenidad para asimilar este golpe por parte del Gobierno.
La euforia tampoco permitió un manejo inteligente de las pruebas que demostraron la pasividad cómplice de los gobiernos fronterizos, que desencadenó una crisis diplomática sin antecedentes.
Debilitadas las FARC, mal harían en recrudecer la guerra o sacar algún beneficio diplomático en Europa a costa del sufrimiento de los secuestrados. La solución política empieza a ser una alternativa frente al narcotráfico, la extorsión y le secuestro. La opción militar de los guerrilleros alentaría las prácticas contrainsurgentes que victimizan la población civil, como ocurrió en el Urabá antioqueño en la década de los noventa, cuando los paramilitares se hicieron al control de esta zona con la complicidad de miembros de las Fuerzas Militares, cuando el Gobernador de Antioquia era el actual Presidente de Colombia. En el Valle del Cauca, los secuestros masivos sirvieron de patente de corso para que las autodefensas incursionaran en esta región y de paso entraron a controlar el negocio del narcotráfico por el Cañón de las Garrapatas.
Amparados en el hilarante argumento norteamericano de “legítima defensa” no se puede crear tanta tensión en le vecindario, pues sobran las razones económicas, políticas y comerciales. La marcha de rechazo a las FARC no era un respaldo a las tácticas de guerra que violan la ley, así como la marcha del jueves no era un respaldo al grupo guerrillero, sino la legítima voz de quienes piensan diferente y quienes sufren la violencia en todas sus manifestaciones.
Fotos de Mateo Cardona.
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