Archivo | mayo 2008

Que aflore la verdad

Es sano para la democracia del país que se develen los vínculos de la guerrilla con determinados sectores de la sociedad, pero de debe evitar el error de relacionar este proceso con el de la “para-política”.
La espera ha finalizado, para los derechistas recalcitrantes, quienes en medio de la algarabía patriótica de los últimos seis años, deseaban deslegitimar la oposición, aquella etérea minoría apóstata de la refundación democrática del país que impulsa el caudillo sibilino. Iniciada la investigación de la “farc-política”, pierden el interés la “para-política” y la “yidis-política”, en una democracia donde el prefijo limita la posición ideológica de un individuo.
Salpicada la oposición, imperará la ley del “hagámonos pasito de todos tenemos rabo de paja”, mientras se desperdicia la oportunidad de depurar la política colombiana, podrida desde la misma independencia. Extendido el manto de la duda sobre la credibilidad del Congreso, queda servida la oportunidad para que el Presidente, en un acto populista y antidemocrático (los dictadores siempre buscan el aplauso del vulgo), decida clausurar el legislativo, aquél que tanto le ha servido. Es necesario, en medio del estruendo mediático, aclarar que la “Farc-política” no es lo mismo que la “para-política” y así evitar confusiones que entorpezcan el esclarecimiento de los hechos ante la justicia.
La “para-política” responde a la alianza de políticos regionales con poderosos criminales que se arroparon bajo la lucha antisubversiva para tener el control electoral de un territorio y saquear los recursos públicos destinados a salud, educación, servicios públicos y vías de comunicación. El recordado “Pacto de Ralito” (con muchos otros gemelos diseminados por otras zonas) tenía como objetivo someter al país a los lineamientos ideológicos de esa cáfila de pillos. Hasta le pareció una bonita iniciativa a ministro Holguín Sardi.
Esa macabra simbiosis que dejó una estela de muerte, terror y desesperanza en muchas partes del país, significó para muchos políticos regionales unas votaciones anormales que los llevaron hasta el Congreso de la República. Cabe destacar que este no fue un descubrimiento de la justicia, sino de valientes organizaciones civiles que investigaron el extraño fenómeno electoral. A la tradicional compre de votos con tamales y aguardiente, se añadieron tristes herramientas como la motosierra y el fusil.
La “Farc-política” es una investigación a personas que están sospechosamente cercanas a las FARC. Personas como Álvaro Leyva y Piedad Córdoba, han estado en contacto con los guerrilleros en búsqueda de acercamientos con fines humanitarios, muchas veces invitados por el gobierno de turno. Otros, como Carlos Lozano, directos del periódico VOZ, son viejos conocidos interlocutores de los gobiernos con los avejentados revolucionarios. Llama la atención la presencia de los congresistas Wilson Borja y Gloria Inés Ramírez, quines cuentan con el respaldo electoral de los sindicatos de trabajadores estatales y el gremio docente, respectivamente. Habría que hacer el ejercicio de confrontar sus votaciones con las zonas de influencia guerrillera, que según la seguridad democrática, son inhóspitos territorios en medio de la selva.
No dejan de generar varias suspicacias la información de los computadores de “Raúl Reyes”, mientras que, paradójicamente, desaparecen los discos duros de los equipos “paracos”. Si bien la INTERPOL certificó que los computadores no fueron manipulados, la información que hay en ellos sí ha sido manoseada. En un futuro no muy lejano, muchos datos se harán públicos en plena carrera presidencial, en la que Juan Manuel Santos quiere destacarse. Santos, avezado en las sucias técnicas informativas (discípulo de JJ Rendón), no vacilará en manchar el honor de sus competidores para llegar al Palacio de Nariño, de donde ha aprendido que antes de contar la verdad hay que injuriar coléricamente.
Es sano para la democracia del país que se develen los vínculos de la guerrilla con determinados sectores de la sociedad, pero de debe evitar el error de relacionar este proceso con el de la “para-política”. El reto de la oposición es el pleno respaldo a la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General, pues tras la investigación se depurará la izquierda, que tristemente se dejó quitar la bandera ideológica de un grupo guerrillero anacrónico y desconectado de las masas.

El encuentro final

son incapaces de considerar el diálogo como fin legítimo de la guerra o como una muestra se sensatez, causada a lo mejor por la fatiga de la batalla. Es más valioso que una victoria militar.
El momento final ha llegado. Tras muchos años de búsquedas y evasiva, la última compañera lo halló en la selva, aquella vasta y espesa cárcel donde se refugio para hacerse dictador. Pacientemente y sin desesperación, aguardó por la inaplazable cita que tienen todos los hombres al final de sus días. Fue un momento doloroso el encuentro de la muerte con “Tirofijo”, pues ya eran cómplices en la triste historia de Colombia.
Su relación de había hecho rutinaria desde esos lejanos días de los bombardeos a Marquetalia, cuando otro presidente había prometido la guerra frontal para acabar con bandoleros y chusmeros. Cayeron “Chispas”, “Sangrenegra”, Guadalupe Salcedo y todos esos hombres que se rebelaron ante el gobierno de turno. La guerra en Colombia tiene su origen en la inequidad, en la grosera opulencia de una camioneta 4X4 esperando el cambio de luz en una esquina mientras que en la acera hay una familia desplazada, hambrienta y miedosa, par quienes su única posesión real es amanecer con vida.
Tantos años de lucha fueron restando romanticismo a la imagen del rancio revolucionario que terminó sus días obcecado con la idea de una revolución contumaz, ataviada con la ilegitimidad del narcotráfico, el secuestro, la extorsión y el terrorismo. Los recuerdos de la revolución son ecos de un pasado colmado de ideales que contrasta con la figura de los hermanos Castro en Cuba, pero que aún resultan atractivos para algunas sociedades europeas. Tantos años de lucha lo hicieron más beligerante, intolerante y guerrerista; en vez de optar por la sabiduría y la humildad para reconocer sus errores.
Una muestra contundente de la inutilidad de su lucha fue el desperdicio de dos oportunidades de hacerse al poder: La crisis del gobierno de Ernesto Samper y la excesiva ambición de Pastrana de pasar a la historia en un proceso laxo y hasta sumiso. Los diálogos en San Vicente del Caguán fueron usados como refugio para incrementar su poder destructivo y, de paso, darle una alevosa bofetada a la sociedad. Esa terquedad beligerante es la que tiene a Uribe en el poder indefinidamente (hasta que no se demuestre lo contrario).
La muerte sabe que con el vieja de Pedro Antonio Marín no terminarán las condiciones que alimentan la guerra. La violencia ejercida por el poder tradicional, que se traduce en hambre, desnutrición, ignorancia, falta de oportunidades y todas esas situaciones que siempre están aliadas para engendrar nuevamente a “Tirofijo”, Pablo Escobar, Mexicanos y Macacos. Aparecen analistas que posan de independientes y críticos sospechosamente neutrales que repiten teorías dictadas desde los cuarteles, quienes vaticinan el inminente fin de las FARC; pero son incapaces de considerar el diálogo como fin legítimo de la guerra o como una muestra se sensatez, causada a lo mejor por la fatiga de la batalla. Es más valioso que una victoria militar.
El hecho de que la muerte de “Tirofijo” sea aprovechada políticamente, le despreocupa a la nívea parca. Tampoco le desvela que sea instaurada la ley de “seguridad democrática” para desmontar la Constitución del 91 y desconocer la separación de poderes (eje de la democracia) en beneficio del caudillo sibilino, con quien le aguarda una cita.

La extradición de Yidis

El triste reencauche de Yidis, motivado por el incumplimiento del gobierno de Uribe I, fue un factor determinante para la extradición masiva de los narcos ataviados con el disfraz de jefes paramilitares.
Las particulares maneras en que Álvaro Uribe Vélez convence a los políticos, contrasta con en remoto verbo donde prometía como candidato una lucha frontal contra la corrupción y la politiquería. Mientras fueron útiles al gobierno reeleccionista, Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, fueron un par de patriotas que sirvieron a los interese de la nación desinteresadamente. Ahora son unos bandidos a los que no se les debe creer nada. Lo mismo pasa con los paramilitares desmovilizados y no sería raro ver a Yidis declarando ante un juez gringo.
Al actual gobierno le encanta crear chivos expiatorios para evadir la responsabilidad cuando asoma una crisis de legitimidad. Piedad Córdoba, Carlos Gaviria, Rafael Pardo, Iván Cepeda o Alejandro Santos son algunos de las personas con las que Uribe pretende lavarse las manos y mantener como las mascotas de Pavlov a ese etéreo 85%. Las oportunidades para hacer bullicio han coincidido oportunamente con hechos graves que cuestionan la legitimidad del gobierno, mientras que el escándalo de la parapolítica sigue tomando inesperados alcances.
El triste reencauche de Yidis, motivado por el incumplimiento del gobierno de Uribe I, fue un factor determinante para la extradición masiva de los narcos ataviados con el disfraz de jefes paramilitares. De esta forma tan abrupta, quedó conjurada una crisis inminente, cuyas consecuencias puedes resultar el pero de los remedios.
Las extradiciones responden a una medida desesperada por asomar la cabeza dignamente, mientas la mancha de la parapolítica se acerca al Palacio de Nariño. Los extraditados son testigos excepcionales que pueden pisar poderosos cayos, muy cercanos al Presidente, el congreso y algunos ministros. En el espectáculo que fue la desmovilización, aprovecharon su ventaja para hacer burlar la ley desde las épocas de Santa fe de Ralito, de donde se saben cosas que por decencia es mejor pasar por alto. http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=103008
Si bien varios congresistas y gobiernistas pueden respirar tranquilos desde ayer, no ocurre lo mismo con las víctimas y sus familias, quines necesitan saber la verdad para concluir un duelo incesante. Mientras que en cada audiencia se esperaba un indicio para saber acerca de la Suerte de miles de personas desaparecidas, ahora en las cortes norteamericanas solamente contarán las rutas, los embarques y las propiedades obtenidas con el narcotráfico; a la vez, muchos políticos saldrán incólumes y dando una bofetada a la democracia. Es un macabro trueque de cocaína por sangre que beneficiará a los narcotraficantes.
La investigación de la parapolítica se verá afectada, pues muchos de iban a ser investigados vieron volar sus miedos en el avión de la DEA. Los cómplices de aquel proyecto que buscaba “refundar la patria” saldrán a exhibir falsamente un poder sucio e ilegítimo.
Resta a ala sociedad colombiana respaldar a la justicia es su heroica labor, pues el malestar de no llegar hasta el fondo de este penoso episodio en la historia del país. Mientras tanto, el miope que ocupa el solio de Bolívar, insiste en justificar el paramilitarismo como le resultado de una simple propuesta contrainsurgente.