Que aflore la verdad

Es sano para la democracia del país que se develen los vínculos de la guerrilla con determinados sectores de la sociedad, pero de debe evitar el error de relacionar este proceso con el de la “para-política”.
La espera ha finalizado, para los derechistas recalcitrantes, quienes en medio de la algarabía patriótica de los últimos seis años, deseaban deslegitimar la oposición, aquella etérea minoría apóstata de la refundación democrática del país que impulsa el caudillo sibilino. Iniciada la investigación de la “farc-política”, pierden el interés la “para-política” y la “yidis-política”, en una democracia donde el prefijo limita la posición ideológica de un individuo.
Salpicada la oposición, imperará la ley del “hagámonos pasito de todos tenemos rabo de paja”, mientras se desperdicia la oportunidad de depurar la política colombiana, podrida desde la misma independencia. Extendido el manto de la duda sobre la credibilidad del Congreso, queda servida la oportunidad para que el Presidente, en un acto populista y antidemocrático (los dictadores siempre buscan el aplauso del vulgo), decida clausurar el legislativo, aquél que tanto le ha servido. Es necesario, en medio del estruendo mediático, aclarar que la “Farc-política” no es lo mismo que la “para-política” y así evitar confusiones que entorpezcan el esclarecimiento de los hechos ante la justicia.
La “para-política” responde a la alianza de políticos regionales con poderosos criminales que se arroparon bajo la lucha antisubversiva para tener el control electoral de un territorio y saquear los recursos públicos destinados a salud, educación, servicios públicos y vías de comunicación. El recordado “Pacto de Ralito” (con muchos otros gemelos diseminados por otras zonas) tenía como objetivo someter al país a los lineamientos ideológicos de esa cáfila de pillos. Hasta le pareció una bonita iniciativa a ministro Holguín Sardi.
Esa macabra simbiosis que dejó una estela de muerte, terror y desesperanza en muchas partes del país, significó para muchos políticos regionales unas votaciones anormales que los llevaron hasta el Congreso de la República. Cabe destacar que este no fue un descubrimiento de la justicia, sino de valientes organizaciones civiles que investigaron el extraño fenómeno electoral. A la tradicional compre de votos con tamales y aguardiente, se añadieron tristes herramientas como la motosierra y el fusil.
La “Farc-política” es una investigación a personas que están sospechosamente cercanas a las FARC. Personas como Álvaro Leyva y Piedad Córdoba, han estado en contacto con los guerrilleros en búsqueda de acercamientos con fines humanitarios, muchas veces invitados por el gobierno de turno. Otros, como Carlos Lozano, directos del periódico VOZ, son viejos conocidos interlocutores de los gobiernos con los avejentados revolucionarios. Llama la atención la presencia de los congresistas Wilson Borja y Gloria Inés Ramírez, quines cuentan con el respaldo electoral de los sindicatos de trabajadores estatales y el gremio docente, respectivamente. Habría que hacer el ejercicio de confrontar sus votaciones con las zonas de influencia guerrillera, que según la seguridad democrática, son inhóspitos territorios en medio de la selva.
No dejan de generar varias suspicacias la información de los computadores de “Raúl Reyes”, mientras que, paradójicamente, desaparecen los discos duros de los equipos “paracos”. Si bien la INTERPOL certificó que los computadores no fueron manipulados, la información que hay en ellos sí ha sido manoseada. En un futuro no muy lejano, muchos datos se harán públicos en plena carrera presidencial, en la que Juan Manuel Santos quiere destacarse. Santos, avezado en las sucias técnicas informativas (discípulo de JJ Rendón), no vacilará en manchar el honor de sus competidores para llegar al Palacio de Nariño, de donde ha aprendido que antes de contar la verdad hay que injuriar coléricamente.
Es sano para la democracia del país que se develen los vínculos de la guerrilla con determinados sectores de la sociedad, pero de debe evitar el error de relacionar este proceso con el de la “para-política”. El reto de la oposición es el pleno respaldo a la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General, pues tras la investigación se depurará la izquierda, que tristemente se dejó quitar la bandera ideológica de un grupo guerrillero anacrónico y desconectado de las masas.
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