Teoria de la relatividad para aburridos

No es que el tiempo vaya más rápido, sólo es que no lo vemos por estar frente a una pantalla.

Desde pequeño sentí una fascinación por la física, que con el paso de los años se diluyó entre los fulgores de la adolescencia y la despreocupación típica de la juventud. Atraído por los programas de Carl Sagan, mi temprana inquietud estuvo marcada por la serie “Cosmos”, donde explicada sencilla y claramente la simpleza de todos los fenómenos físicos del universo y la forma en que el hombre es una insignificante partícula en medio del infinito espacio, donde constelaciones, supernovas y agujeros negros tienen un protagonismo total. Uno de los capítulos que mejor recuerdo, es aquel donde se explica la paradoja de la Teoría de la Relatividad del tiempo de Albert Einstein, allí nació mi admiración por dicho teorema y la persona que lo formuló.
Con el paso del tiempo no puedo evitar pensar lo que pasaría si pudiera viajar a la velocidad de la luz. Mi mente masculla encuentros extraños, sitios desconocidos y personajes tan fascinantes como enigmáticos. La realidad aterriza estrepitosamente cada misión (que no tiene nada que ver con Star Trek o la mercenaria Guerra de las Galaxias) cuando caigo en las trampas del aburrimiento, del cual creo que es el eje de la civilización humana junto con la guerra.
El aburrimiento determina la elongación o contracción del tiempo en cada ser humano. El tiempo se acorta para quien está disfrutando; mientras que se alarga para aquel que sufre con el invivible paso de los minutos. Para demostrarlo, basta con recordar algún insufrible momento de eterna espera o un buen recuerdo. Los desvelados sienten el infierno horizontal esperando los primeros signos del nuevo día, o los que sufren una enfermedad viven su agonía diaria hasta llegara a considerar la muerte como único remedio; mientras que el tiempo pierde su importancia cuando se está en una buena compañía, una charla amena o un encuentro apasionado.
Desde su génesis el hombre descubrió que es un ser hecho para el aburrimiento.Ante esta trágica e innegable condición comenzó a inventar cualquier cosa para alejarse de ese vacío absoluto, pero momentáneo. Creó dioses a su imagen y semejanza al escuchar voces en su cabeza, proscribía la pereza como pecado, después crearía artilugios tecnológicos como los computadores, televisores y DVD. De su cabeza nacieron también otras baratijas sociales para creer mantenerse ocupado: estrés, preocupaciones o el miedo como arma nacionalista. En medio de esta avalancha de fruslerías que trajo la modernidad, asoma, tímida, la creatividad, temerosa de ser perseguida por los zombis tecnológicos en los que nos hemos convertido. No es que el tiempo vaya más rápido, sólo es que no lo vemos por estar frente a una pantalla.
Existen varias maneras de eludir el aburrimiento: Vestir mascotas con el ánimo de que se comporten como humanos, hacer diminutos modelos a escala, porfiar en escribir un blog, participar en juegos de rol o cualquier manera de sentirse único en medio del océano del anonimato. Los amagues para evadir el aburrimiento nos llevan a interactuar con otras personas con las que se tiene un interés común, que, finalmente, alimentan el sentido gregario de ser miembro de un grupo, ya sea una logia masónica o la NRA.
El temor a la muerte está relacionado con el miedo que genera el aburrimiento, hasta el punto de llegar a complementarse para dejar algún vestigio del paso por este mundo a las próximas generaciones. Tal razonamiento cobra validez al ver los monumentos egipcios, las esculturas romanas o las pinturas renacentistas. El terror a la muerte lleva al hombre moderno a recurrir a cualquier método para ahuyentar su presencia: El falso axioma que relaciona la belleza con la salud (con liposucciones y miles de cirugías estéticas) o la eufórica sensación de eternidad cuando se está drogado en medio de una fiesta. Tras el delirio aparece de fondo el mismo terror existencial que obvia los detalles, la única manera de conocer lo esencial.
Tenemos tanto miedo al pensamiento que delegamos esa labor a nuestros gobernantes, expiamos nuestras conciencias con una ocasional protesta o creemos que el tiempo es corto para aquel gobernante para quien no fueron suficientes ocho años en el poder y debería necesitar el resto de sus existencia.
Soundtrack: Loco, Andrés Calamaro. http://www.youtube.com/watch?v=We5yxBKCB-Q
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