Avancha hipotecaria

El debate presidencial en Estados Unidos entre McCain y Obama tiene un elemento muy atractivo, no sólo para los ciudadanos americanos sino para la economía mundial. La crisis que desencadenó la caía de las hipotecas otorgadas con inusitada facilidad a personas que no demostraban una capacidad de pago (conocidas como subprime) ya completa un año. En medio de esta avalancha han caído los principales bancos americanos, mientras que la crisis parece superar al temido “Crac de 29”. Este momento crítico de la economía servirá como referencia a los electores americanos tras ocho años de malos manejos, tanto internacionales como domésticos.
Bush saldrá de la Casa Blanca con una aprobación de gestión inferior al 25%, dejará a EU en medio de un ambiente internacional hostil como resultado de su porfiada “lucha contra el terrorismo”, su papel como líder mundial esta cuestionado por la sistemática violación a las normas de la guerra (Guantánamo se erige como territorio de la infamia) y la situación en su propio territorio hace agua por todo lado. Los retos para el próximo ocupante de la presidencia son tan variados como distintos y difíciles.
La crisis económica por la que atraviesa dicha nación trae cada semana una noticia que alimenta las dudas e incertidumbres. Resulta paradójico que sea la nación epítome del capitalismo moderno, la que contradiga los dogmas del libre mercado por medios de la intervención, financiada con el dinero de los contribuyentes gringos. No cabe en la mente de un americano promedio –una persona trabajadora, entregada a su familia y con pequeños sueños de verano- que tenga que pagar por los errores de unos ejecutivos de Wall Street que se siente apostando en Las Vegas. Al parecer el sueño americano se ha transformado en pesadilla.
La pesadilla no es un oportuno invento electoras de los demócratas o de los miles de millones de críticos de Bush: el debilitamiento de los planes estatales de salud (Medicaid y Medicare) los ha condenado a desparecer ante unos servicios de altísimo costo, atendidos por empresas privadas. No todo se puede medir por medio de los criterios de evaluación capitalistas, que solamente ven balances y ganancias, mientras que las personas que se enferman enfrenta un suplicio nacido del universo de Kafka.
Tan maltrecha como la salud está la economía. La arrogancia de los altos ejecutivos que gozan de onerosos pagos sin tener en cuenta los resultados (conocidos como “Golden parchutes” o paracaídas dorado) no tiene razón de ser. Se cuestionan los mandamientos de aquellos que profesaban el dogma del libre mercado, quines al verse en caída hacia lo profundo del abismo imploran la intervención del gobierno. Mal le hubiera quedado al Congreso americano enviar aquel salvavidas por U$ 700 mil millones a aquellos que han hecho mal las cosas.
Los efectos globales no se han hechos esperar y ya en algunos países como Bélgica, Alemania e Inglaterra han sido intervenidos algunos bancos. Mientras que en Colombia se prevee una menor inversión, reducción en el gasto público y la revaluación del peso.
Los inversionista privados estarán a la espera de un mejor ambiente mundial o el levantamiento de algunas restricciones que ya hacen parte de la soberanía nacional. La reducción del gasto público afectará notoriamente (notaría a notaría) la compra de conciencias por medio de prebendas y burocracia, lo que de paso se constituye en un gran obstáculo para la tercera elección de Uribe. El dólar seguirá siendo negocio para los agiotistas que esperarán las medidas desesperadas de la Banca Central para mantener el equilibrio, mientras que se lucran sin generar un solo empleo, pues no existe una gran industria que jalone la economía local y los precios de las exportaciones se estabilizarán como resultado de la recesión. La reducción en la inversión afectará la construcción de una infraestructura adecuada frente al comercio mundial, mas si se quiere firmar un TLC con EU, cuya economía tambalea frecuentemente.
Oscuro es el panorama del país, así los monjes económicos que sueñan con Maniatan afirmen lo contrario para no generar pánico entre los inversionistas. Los ciudadanos sentirán un frenazo en sus finanzas personales y los pobres serán condenados a la miseria, pues desde hace dos años no se conocen las cifras acerca de estas personas, a lo mejor no conviene saberlos hasta que Uribe tome una decisión frente a su aspiración re-reeleccionista.
Mientras tanto, en Estados Unidos la carrera presidencial se pone interesantísima. Es una oportunidad para que el pueblo castigue, por medio del voto, los errores de Bush y dé la oportunidad que históricamente han otorgado a los demócratas tras las debacles económicas. Es el momento indicado para devolverle la dignidad a la democracia en su propia casa y resanar los confusos hechos de Florida durante el 2000, del cual el mundo entero está pagando sus consecuencias.
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