Divide y reinarás

El asesinato de este menor sirvió para el vitrinazo del mayor politiquero de este país: Álvaro Uribe Vélez, quien no perdió la oportunidad para salir ante las cámaras para dar su santa bendición a la madre del menor asesinado, sino que también jugó sus cartas en el congreso y metió de contrabando una serie de artículos encaminados a perpetuarse en el poder dentro de la reforma política
Es una frase de Perogrullo aquella que reza: Divide y reinarás. Con maestría ancestral se sabe que mediante la fragmentación del enemigo es más sencilla su dominación; otra interpretación podría ser la de aprovechar una coyuntura, mejor aún si ésta es propiciada por el interesado en sacar lo mejores dividendos. Las actitudes que muestra tan histriónicamente Uribe Vélez con la desmedida complicidad mediática, señalan que no se deben escuchar sus palabras, pues sus acciones las contradicen.
El tema de la reelección tiene a áulicos y contradictores en la nueva tarea de descifrar cada una de sus palabras, gestos, tonos y miradas. Pululan analistas que desenmarañan cada unas de sus frases vacuas, con múltiples sentidos y exponen todo tipo de teorías, desde las más palaciegas hasta las extremistas de los contradictores. Es este enrarecido ambiente pre-electoral, aún cuando restan dos años a este gobierno, aparecen con frecuencia noticias cargadas de información inútil que parece servir con mayor eficacia a la farándula que al ciudadano de a pie, y en otras ocasiones estas notas son creadas desde el la presidencia con la evidente intención de desviar la atención acerca de otro tipo de realidades que afectarían una nación que se preciara de ser civilizada.
Conmovida la sociedad por el asesinato de un bebé de once meses por su propio padre, el lamentable espectáculo de los noticieros no hizo ningún esfuerzo por apartarse del melodrama y el patetismo. Abundaron las frases de cajón, miles de hipótesis conjuradas por algún fanático de aquellas series de televisión que gradúan a los televidentes como criminalistas y muchos políticos que vieron una oportunidad de oro para ganar publicidad electoral con el drama de esta familia, que no es un caso único, sino que es una triste costumbre la de descargar la violencia contra los niños, ya sea desde las agresiones verbales –que afectan su frágil autoestima- hasta los más aberrantes casos de violencia sexual.
Aparecieron los políticos a reclamar su parte del espectáculo y bramando por el cadena perpetua y hasta la pena de muerte. La iglesia, extrañamente, nunca se hizo sentir, tal vez porque las cárceles se llenarían de curitas y obispos mañosos de ser aprobada tan particular iniciativa. Las agresiones a los menores de edad, en especial los niños, no son una novedad que descubrió algún político visionario o que desea trabajar por el país que todos queremos; es una realidad que cobra mayor dramatismo al ver las cifras de desnutrición, de los menores que mueren por falta de un centro médico que se desvaneció entre las tinieblas de la corrupción y la alianza entre políticos regionales y grupos armados ilegales, de los analfabetos de los campos para quienes resulta más atractivo tomar las armas que un azadón o aquellas adolescentes que creen encontrar en un embarazo la oportunidad para escapar con decoro de las miserias de su propio hogar. El pequeño Luis Santiago Triana, es un número más ante este aterrador panorama, que alimenta los factores de violencia en el país.
El asesinato de este menor sirvió para el vitrinazo del mayor politiquero de este país: Álvaro Uribe Vélez, quien no perdió la oportunidad para salir ante las cámaras para dar su santa bendición a la madre del menor asesinado, sino que también jugó sus cartas en el congreso y metió de contrabando una serie de artículos encaminados a perpetuarse en el poder dentro de la reforma política. Aplauden a rabiar los simpatizantes o voltean la mirada los escépticos, que creen que el espejismo de Uribe es una jugada que juzgan de maestría y habilidad política, aunque sea reprochable desde la ética y una paradoja de quien hace ya casi siete años prometió luchar contra la corrupción y la politiquería. El escenario está diseñado para una “banana republic”, donde se consideran estas cosas como características inherentes a estas naciones tropicales y subdesarrolladas.
Cada quien comienza a jugar sus cartas en este confuso juego que es la política nacional, donde Uribe gobierna con unas mayorías unidas por la burocracia y utiliza una monserga cuando se le pide claridad acerca del futuro del país. Sin embargo, el fin de semana llegará , luego el fin de año y sin tener un oráculo es fácil predecir que Uribe Vélez no dará las luces acerca de sus intenciones, mantendrá el vilo al país para sostener su gobernabilidad, cada vez más nublada por las cifras que demuestran que la seguridad democrática no despegó en varias regiones y las únicas luces que se verán serán las de las festividades de final de año.
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