Archivo | noviembre 2008

El temido efecto mariposa

Retumban aún los ecos del triunfo de Barack Obama en el mundo, que surge como una luz en medio de las tinieblas integristas del viejo imperialismo que se practicó durante los pasados cuatro años. Las razones que llevaron a Obama al Despacho Oval están sobre su color de piel o su segundo nombre: Hussein, que rememora un antiguo aliado y una década posterior fue enemigo. Obama superó el hecho de presentarse como una víctima de una sociedad que a pesar de posar modernista, posee varias características de tipo conservador; pero otro hecho decisivo en la campaña electoral del pasado cuatro de noviembre fue la crisis económica estadinense , que se propagó por todo el mundo.
La crisis que comenzó como una mala jugada de inversionista inmobiliarios que apostaron por créditos sin mayores respaldos financieros, tras el derrumbe, ha desencadenado la primera gran crisis del capitalismo durante el siglo XXI. Las consecuencias de la crisis en Estados Unidos se han propagado por todo el planeta como pandemia, no solo por las obvias consecuencias económicas, sino por las repercusiones sociales, políticas y de seguridad local, que atiza el fantasma terrorista por todos los rincones del mundo.
La Aldea Global de la que hablaba Marshall McLuhan conectó de tal modo cada esquina del planeta, que todos los países están temerosos frente a la crisis. Se esperan señales alentadoras que animan las más importantes bolsas del mundo, los consumidores son muy precavidos con sus gastos e inversiones a mediano y largo plazo, mientras que se radicalizan las posiciones que encuentran la manera de sobrevivir en medio de la miseria y la ignorancia.
La pobreza es aprovechada por mafias organizadas para reclutar esclavos laborales y sexuales, mientras que la ignorancia potencializa los fundamentalismos de tipo religioso y étnico, cuna de movimientos terroristas. Las nacientes democracias de las naciones en vías de desarrollo se desmoronan ante líderes caudillistas que no dudan en crear un enemigo para fundamentar su poder y evadir la responsabilidad de sus actos, a medida que desarticulan las leyes para su beneficio propio, tales como perpetuarse en el poder o favorecer a un reducido grupo que representan las élites tradicionales. Mientras tanto, la calidad de vida de los ciudadanos se hace más precaria debido a las condiciones laborales que se venden bajo el eufemismo de “flexibilización laboral”
La pobreza aumenta las cifras de criminalidad de una sociedad, pues el único camino para sobrevivir es la violencia ejercida al margen de la ley y el orden. Esta situación es aprovechada para atizar viejas heridas históricas de cada sociedad. Algunas encuentran motivos de tipo religioso, otras profundizan las diferencias raciales o étnicas, mientras que otras solamente ven en la coyuntura la oportunidad para librarse de la opresión histórica.
Las consecuencias de la crisis van más allá de los cuestionamientos al sistema capitalista, el excesivo lujo de los “yupies” de Manhatan o la intervención del gobierno para la salvación de los bancos (en clara contradicción a las leyes del “libremercado”). Se están incubando rencores en varias partes neurálgicas del mundo, el desempleo puede generar inestabilidad social en regiones pacíficas, las protestas podrían desencadenar muchas revueltas de tipo local que serían aprovechadas por grupos terroristas para atacar a todo aquello que sea diferente a su parecer, los traficantes de armas pueden estar en la capacidad de alimentar una guerra que sea capaz de pagar el precio, mientras que miles de conflictos se incuban en cada parte del mundo.
Tal vez el terrorismo de inspiración islámica contra el que lucha Estados Unidos en dos frentes distintos, haya sido el resultado de la pésima campaña militar emprendida durante la década de los ochenta. Es el momento de actuar eficazmente contra las tensiones regionales que pululan por el mapa. El incidente en los hoteles de Bombay puede ser una clara señal de alerta ante lo que podría acontecer durante las dos próximas décadas. Tampoco hay que descuidar aquellas tensiones dormidas como las de Pakistán e India, el conflicto étnico en Bélgica y los que existen en África, ni las tensiones sociales latentes en Sudamérica. Frente a este complejo panorama mundial, es necesario recuperar las nociones de un comercio justo y unas condiciones de trabajo dignas. Es la oportunidad de que Obama haga realidad el sueño de Martín Luther King para los marginados del mundo: los renegados por el color de piel, creencias religiosas, tendencias sexuales, género y toda forma de discriminación, tan enfermiza como peligrosa para el desarrollo de las sociedades modernas, aquellas que respetan los derechos de las minorías.
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Colombia medieval

Trascendió una noticia de tipo científico, específicamente en el ámbito médico, lo que no deja de ser una novedad en medio del monopolio mediático que ejerce Uribe Vélez, cuyo excesivo culto hace que el país retroceda a ese malsano ambiente medieval, oscurantista, acéfalo y cerrado al mundo, tan peligroso para cualquiera que sea señalado como hereje. La noticia que rompió el esquema Uribe contra el enemigo de turno –en esta semana el particular honor lo tuvo la sibilina empresa que representaba David Murcia Guzmán- fue el hecho de que se realizó con éxito el primer transplante de tráquea en el mundo.
Si bien los avances médicos solamente benefician a quienes son capaces de pagarlos, razón por la que las grandes farmacéuticas no están interesados en suministrar medicamentos en contra del SIDA en un continente tan golpeado por esta enfermedad como África, no deja de ser esperanzador para mejorar la calidad de vida de muchos enfermos en el mundo. Encontrar una salida distinta a la resignación ante la muerte siembra muchas expectativas en los científicos, mas si sus avances ayudan a mejorar la calidad de vida frente a la vejez. Sin embargo, el manejo de los medios de comunicación fue fatuo, frívolo y farandulero.
Para los periodistas colombianos, el hecho trascendente de esta noticia no era el avance que representaba el reemplazo de una parte vital para cualquier ser humano, que necesita respirar constantemente, sino que la paciente era colombiana. Centrados en la anécdota, olvidaron los comunicadores que los verdaderos protagonistas son los médicos que lograron que dicha paisana continúe viva, pues gracias a sus esfuerzos se abre una posibilidad para aquellas personas que se pueden ver aquejadas por una dolencia respiratoria. Ignoraron olímpicamente que en dicho transplante se emplearon las polémicas células madre, que actuaron favorablemente para que la tráquea de otra persona no fuese rechazada. Simplemente, la sociedad colombiana sigue mirando hacia su propio ombligo, creyendo que únicamente son importantes sus problemas endémicos, sin darse cuenta que afectan a los vecinos o que llega hasta el extremo enfermo de exportar un modelo mafioso que hace que México viva una guerra como la que Colombia vivió en las décadas de los ochenta y noventa.
Mientras que la crisis mundial afecta a todo el mundo, los medios de comunicación viven en el oscurantismo que emana de la “Casa de Nari”. Todos los temas pasan por la perspectiva de Uribe Vélez, el universo informativo tiene como centro al planeta uribista y su abyecta filosofía, que según José Obdulio Gaviria dará para varios tomos. La gleba, que según las encuestas llegan al 85% de la población, agradece cada una de las actuaciones de su señor feudal, quien les otorga la seguridad contra los “terroristas genéricos” (todo aquello que se opone o simplemente da muestras de descontento), la seguridad económica y todo lo que les pueda generar miedo. Paradójicamente, los siervos agradecen lo que la Constitución del 91 ordena al Presidente hacer.
Esta triste tradición hace que el ciudadano se sienta agradecido cuando el funcionario público cumple con su deber, cuando es aquél ciudadano quien por medio de sus impuestos –que no son pocos- paga su salario y todas las garantías laborales de las que goza un empleado público. No es injusto que a los servidores se les asocie con desidia, pereza, incumplimiento y corrupción, pues es una rancia tradición del aparato burocrático nombrar no a los mejores empleados, sino responder a unas cuotas burocráticas que aseguran el control político. Por esta razón es que Uribe Vélez aparece seguidamente en los medios de comunicación: porque cumple un mandato popular, aunque gobierne para una plutocracia y los tradicionales narcotraficantes que mutaron como paramilitares.
Es hora de abrir las fronteras de la comunicación y la percepción para darse cuenta de que hay un mundo que continua su alocado desarrollo, que Estados Unidos enfrenta una magnífica oportunidad para cambiar el nefasto rumbo de los últimos cuatro años, que la crisis económica mundial puede desencadenar episodios de violencia y terrorismo en varias partes del mundo, que la recesión mundial está atacando las naciones ricas del mundo, que la situación de los ilegales en los países desarrollados se complica cada vez más y que el Colombia solamente es recordada por los adictos de los países ricos en sus desaforadas fiestas. Pero es necesario que aparezcan las primeras luces protestantes, los enamorados que crearán el renacimiento y los alocados que impulsarán el siglo de las luces, aunque lo que Colombia necesita es algo más que un cambio de gobierno, necesita un cambio en la mentalidad de sus habitantes, acostumbrados al inmediatismo que se refleja en la cultura del dinero fácil.

Run like hell 2

Dicen que el dolor es la medida del espíritu humano, aunque esta premisa de origen popular tiene mucho más sadismo que sabiduría, es la única idea que retumba como martillo en mi pecho. Tras recorrer los 42195 metros de mi primera maratón es inevitable sentir cierta nostalgia que obliga a las lágrimas a deslizarse por mis mejillas, el sentirse con una gran meta alcanzada genera cierta incertidumbre en el futuro, pues el objetivo que se ha alcanzado a base de disciplina, esfuerzo y resistencia, al desaparecer, crea un vacío interior inmenso.
Tal vez sea por el gasto energético que requiere una prueba de fondo como ésta, pues son quemados cerca de 4 mil calorías, mientras que el consumo diario de una persona son los 2500, pero no hay una exultante sensación de superioridad ni un sentimiento de grandeza frente a los que se practican el sedentarismo. Al contrario, el espíritu está sereno y tranquilo, como si no fueran suficientes las palabras apara animar cualquier ego, solamente basta con saber que se logró terminar una maratón por debajo de las cuatro horas.
La maratón es una carrera con una antiquísima tradición, que se remonta hasta la antigua Grecia cuando Fidípedes recorrió la distancia entre el campo de batalla de Maratón y Atenas para notificar a los pobladores que no era necesario el exterminio de su propia ciudad, pues los guerreros habían derrotado al enemigo. Finalmente, tras cumplir con su misión, el atleta murió. Actualmente la palabra es usada para designar cualquier locura mercantilista o mediática, pero para aquellos que han incluido el correr en sus vidas es una palabra con una sentido mítico, casi sagrado que se incuba como una escondida obsesión. No es casualidad que sea ésta la prueba final de los juegos olímpicos.
Al terminar una carrera siempre surge una nueva meta, pero al lograr la máxima prueba el futuro pregunta altaneramente: ¿es suficiente?, a lo que se contesta con claridad y contundencia: NO, NUNCA SERÁ SUFICIENTE. Las endorfinas que hacen del atleta un adicto a la actividad física son el estimulante natural que necesita para activar su sistema nervioso y aquella parte del alma que le da mayor potencia a sus espíritu, de otra manera no cabría una explicación sensata que explicara las razones por las que estuve allí, corriendo los 42 kilómetros de calvario.
Durante la carrera siempre estuve reservando mis fuerzas, pues temía que se me agotaran en los últimos diez kilómetros. En la primera mitad era reconfortante estar dentro de una grupo numeroso, pues la compañía nunca sobra, pero tras la primera mitad el grupo se redujo considerablemente. Allí comenzó otra carrera: la solitaria, el reto contra mí mismo y mi mente. Sabía que no podía renunciar a no ser que mi integridad física se viera comprometida, que llegaría a la meta cansado pero llevado por mis propias piernas. Aunque no hubo calambres, el dolor en mi rodilla derecha (la que nunca ha molestado) me obligó a reducir el paso en último cuarto. Paradójicamente el único calambre llegó tras la meta y fue en la zona abdominal –así que nunca hay que parar súbitamente al terminar una carrera-, lo que pasó a la lista de las cosas raras que me han ocurrido en la vida.
Aún no encuentro una explicación racional que justifique el haber corrido la maratón. Tal vez sea un poco de ese sentimiento heroico que llevamos dentro, aunque creo también que todo heroísmo requiere cierta dosis de valor, egoísmo y estupidez. Tal vez carezca de explicación, pues es corriendo como me conecto con mi parte física, con mi cuerpo; es la manera que tengo de huir de las preocupaciones, los problemas, la locura que me asecha, de las decepciones y tristezas, de espantar la melancolía y el desencanto. Tal vez sea la forma que tengo para estar conmigo mismo tranquilamente, para dejar que mi mente se ponga en blanco mientras mis piernas tiene el control de mi cuerpo, para dejar tras cada zancada los obstáculos que dificultan poner en orden mis asuntos.
Ahora, solamente resta descansar, reponer fuerzas, porque sé que pronto estaré allí otra vez, con mis zapatillas, mi camiseta y el reloj con pulso de caucho dispuesto a correr libre, sin que importe como me vea, huela o que tenga el pelo desordenado. No pretendo convencer a nadie de que siga mis pasos, solamente me basta con ver mi medalla y recordar aquella canción de U2, donde las calles no tienen nombre, volar, respirar, estirar y reír cuantas veces sea necesario. Solamente me basta con saber que soy yo mismo, saber de lo que estoy hecho y reconocer que la mentalidad del atleta –metódica, disciplinada, conciente y obsesiva con las metas- está integrada en el particular cableado de mi espíritu.
Sondtrack: Where the streets have not name. U2. http://www.youtube.com/watch?v=uDkBzkA9L4s

Respeto a medias

Las fronteras dentro de un evento público y gratuito son groseras, más aún si se tiene en cuenta que las sombrillas, prohibidas y decomisadas para el público, se ven en dicha zona.

Andrés es un joven bogotano, estudia en las noches para salir del trabajo que lo tiene aburrido pero le permite vivir dignamente. Los viernes es un día especial para él porque tiene la oportunidad de estar con su novia, escuchar música y tomarse unas cervezas hasta la madrugada sin la preocupación de levantarse a trabajar. Su gran pasión –como la de muchos humanos simples- es la música, en especial el rock. Ningún transeúnte que se tope con él en las calles o en un bus de Transmilenio pensaría que éste joven viste de cuero, botas y camisetas negras cuando se despoja de su armadura laboral.
Andrés aguarda con impaciencia el primer fin de semana de noviembre, pues como muchos jóvenes bogotanos espera que inicie el festival de Rock más grande de Latinoamérica. Consulta la programación de las bandas, busca sus canciones y videos en internet, junta los amigos de una de tantas tribus urbanas, que tienen en la música y los atuendos la manera de sentirse parte de algo, para ir a ver sus bandas favoritas. Dicho festival lleva 14 ediciones continuas y es uno de los espacios juveniles de la ciudad que mayor orgullo genera dentro de la juventud. De nada servirán los recios aguaceros, el frío que se adormila los pies, las humillantes requisas policiales, las fallas de sonido y las acéfalas decisiones del personal de logística; nada de esto logra apaciguar la pasión que sienten los 300 mil asistentes a los tres días de dicho evento.
El lema de este año era: Rock al parque 2008, vida, máximo respeto. Como cualquier evento masivo, no se puede dilapidar la oportunidad de crear una frase obvia, que no evita siquiera caer en los clisés de la convivencia en sociedad. Tampoco se puede evitar sentir frustración ciudadana al ver que entre la tarima y el público existe una amplia zona (que se agranda cada año) donde se ubican personas que por alguna inexplicable razón son denominados VIP (persona muy importante).
No pueden existir tales zonas en un evento público y desarrollado con el dinero que cada ciudadano aporta, ya sea con sus impuestos, usando el transporte público que funciona con el combustible que paga sobretasa, o simplemente por escanciarse con una botella de licor. Las fronteras dentro de un evento público y gratuito son groseras, más aún si se tiene en cuenta que las sombrillas, prohibidas y decomisadas para el público, se ven en dicha zona.
Algunas personas defenderán este territorio con la excusa de zonas de evacuación o de uso para los artistas, pero cuesta entender que exista tanto artista y que no sean visibles las rutas de evacuación para la atención de una emergencia. La denominación VIP solamente sirve para alimentar los malsanos sentimientos de los renegados del rock y el miserable ego de quienes se sienten en una élite por estar en dicha zona.
Resulta paradójico que en un evento que promueve la integración y el respeto existan zonas para personas especiales, separadas del público general, el verdadero espíritu de cualquier festival. ¿Porqué es más importante la novia de un artista que el mismo Andrés, aquel rockero que hace tiempos asiste fiel y tranquilamente al festival desde hace tanto tiempo? El pecado de Andrés es el de no rendirse ante el anonimato y sentir orgullo de su individualidad. Para estar en dicha zona hay que estar dentro de la “rosca”, una justificación social que promueve la exclusión por innumerables motivos, esa misma exclusión que ha alimentado la guerra durante el desarrollo histórico de la nación.
El poder se alimenta de los genuflexos que no vacilan en renunciar a su dignidad para hacerse bajo su sobra. Por esta razón es que se ve a Uribe Vélez hablando ante los indígenas del Cauca más como capataz que como Presidente, figura pública que con él ha perdido toda dignidad, si es que Andrés Pastrana le dejó algo. Personas como Álvaro Uribe están acostumbrados a que los sirvientes hablen pasito, sin mirarlos a los ojos y con un servilismo tan desarrollado que lleguen a interpretar cada uno de sus gestos. Cuando los indígenas alzaron la voz, sus bastones de mando y los machetes, Uribe no vaciló en llamarlos “terroristas”, una costumbre peligrosa que tiene cuando se ve un asomo de contradicción o descontento.
Por estas razones es que se promueven valores como el conformismo y la resignación bajo los falsos estandartes de la tolerancia y la paz, que no hacen nada más que manipular nobles sentimientos de sujetos con una personalidad indefinida y voluble como la juventud, más si está en masa.
Mientras tanto, Andrés llegará el martes a su trabajo con una leve gripa por la lluvia, unos cuantos moretones por el “pogo” y la expectativa de saber las bandas que tocarán en el próximo festiva. Aquellos asistentes “Muy Importantes” serán pasajeros de buseta el martes, llegarán a final de mes esperando la paga y comenzarán sus labores de lambonería desde el mismo martes, pues les aterra sentirse comunes al no tener una identidad que los haga sentirse orgullosos de lo que son.