Colombia medieval

Trascendió una noticia de tipo científico, específicamente en el ámbito médico, lo que no deja de ser una novedad en medio del monopolio mediático que ejerce Uribe Vélez, cuyo excesivo culto hace que el país retroceda a ese malsano ambiente medieval, oscurantista, acéfalo y cerrado al mundo, tan peligroso para cualquiera que sea señalado como hereje. La noticia que rompió el esquema Uribe contra el enemigo de turno –en esta semana el particular honor lo tuvo la sibilina empresa que representaba David Murcia Guzmán- fue el hecho de que se realizó con éxito el primer transplante de tráquea en el mundo.
Si bien los avances médicos solamente benefician a quienes son capaces de pagarlos, razón por la que las grandes farmacéuticas no están interesados en suministrar medicamentos en contra del SIDA en un continente tan golpeado por esta enfermedad como África, no deja de ser esperanzador para mejorar la calidad de vida de muchos enfermos en el mundo. Encontrar una salida distinta a la resignación ante la muerte siembra muchas expectativas en los científicos, mas si sus avances ayudan a mejorar la calidad de vida frente a la vejez. Sin embargo, el manejo de los medios de comunicación fue fatuo, frívolo y farandulero.
Para los periodistas colombianos, el hecho trascendente de esta noticia no era el avance que representaba el reemplazo de una parte vital para cualquier ser humano, que necesita respirar constantemente, sino que la paciente era colombiana. Centrados en la anécdota, olvidaron los comunicadores que los verdaderos protagonistas son los médicos que lograron que dicha paisana continúe viva, pues gracias a sus esfuerzos se abre una posibilidad para aquellas personas que se pueden ver aquejadas por una dolencia respiratoria. Ignoraron olímpicamente que en dicho transplante se emplearon las polémicas células madre, que actuaron favorablemente para que la tráquea de otra persona no fuese rechazada. Simplemente, la sociedad colombiana sigue mirando hacia su propio ombligo, creyendo que únicamente son importantes sus problemas endémicos, sin darse cuenta que afectan a los vecinos o que llega hasta el extremo enfermo de exportar un modelo mafioso que hace que México viva una guerra como la que Colombia vivió en las décadas de los ochenta y noventa.
Mientras que la crisis mundial afecta a todo el mundo, los medios de comunicación viven en el oscurantismo que emana de la “Casa de Nari”. Todos los temas pasan por la perspectiva de Uribe Vélez, el universo informativo tiene como centro al planeta uribista y su abyecta filosofía, que según José Obdulio Gaviria dará para varios tomos. La gleba, que según las encuestas llegan al 85% de la población, agradece cada una de las actuaciones de su señor feudal, quien les otorga la seguridad contra los “terroristas genéricos” (todo aquello que se opone o simplemente da muestras de descontento), la seguridad económica y todo lo que les pueda generar miedo. Paradójicamente, los siervos agradecen lo que la Constitución del 91 ordena al Presidente hacer.
Esta triste tradición hace que el ciudadano se sienta agradecido cuando el funcionario público cumple con su deber, cuando es aquél ciudadano quien por medio de sus impuestos –que no son pocos- paga su salario y todas las garantías laborales de las que goza un empleado público. No es injusto que a los servidores se les asocie con desidia, pereza, incumplimiento y corrupción, pues es una rancia tradición del aparato burocrático nombrar no a los mejores empleados, sino responder a unas cuotas burocráticas que aseguran el control político. Por esta razón es que Uribe Vélez aparece seguidamente en los medios de comunicación: porque cumple un mandato popular, aunque gobierne para una plutocracia y los tradicionales narcotraficantes que mutaron como paramilitares.
Es hora de abrir las fronteras de la comunicación y la percepción para darse cuenta de que hay un mundo que continua su alocado desarrollo, que Estados Unidos enfrenta una magnífica oportunidad para cambiar el nefasto rumbo de los últimos cuatro años, que la crisis económica mundial puede desencadenar episodios de violencia y terrorismo en varias partes del mundo, que la recesión mundial está atacando las naciones ricas del mundo, que la situación de los ilegales en los países desarrollados se complica cada vez más y que el Colombia solamente es recordada por los adictos de los países ricos en sus desaforadas fiestas. Pero es necesario que aparezcan las primeras luces protestantes, los enamorados que crearán el renacimiento y los alocados que impulsarán el siglo de las luces, aunque lo que Colombia necesita es algo más que un cambio de gobierno, necesita un cambio en la mentalidad de sus habitantes, acostumbrados al inmediatismo que se refleja en la cultura del dinero fácil.
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