El temido efecto mariposa

Retumban aún los ecos del triunfo de Barack Obama en el mundo, que surge como una luz en medio de las tinieblas integristas del viejo imperialismo que se practicó durante los pasados cuatro años. Las razones que llevaron a Obama al Despacho Oval están sobre su color de piel o su segundo nombre: Hussein, que rememora un antiguo aliado y una década posterior fue enemigo. Obama superó el hecho de presentarse como una víctima de una sociedad que a pesar de posar modernista, posee varias características de tipo conservador; pero otro hecho decisivo en la campaña electoral del pasado cuatro de noviembre fue la crisis económica estadinense , que se propagó por todo el mundo.
La crisis que comenzó como una mala jugada de inversionista inmobiliarios que apostaron por créditos sin mayores respaldos financieros, tras el derrumbe, ha desencadenado la primera gran crisis del capitalismo durante el siglo XXI. Las consecuencias de la crisis en Estados Unidos se han propagado por todo el planeta como pandemia, no solo por las obvias consecuencias económicas, sino por las repercusiones sociales, políticas y de seguridad local, que atiza el fantasma terrorista por todos los rincones del mundo.
La Aldea Global de la que hablaba Marshall McLuhan conectó de tal modo cada esquina del planeta, que todos los países están temerosos frente a la crisis. Se esperan señales alentadoras que animan las más importantes bolsas del mundo, los consumidores son muy precavidos con sus gastos e inversiones a mediano y largo plazo, mientras que se radicalizan las posiciones que encuentran la manera de sobrevivir en medio de la miseria y la ignorancia.
La pobreza es aprovechada por mafias organizadas para reclutar esclavos laborales y sexuales, mientras que la ignorancia potencializa los fundamentalismos de tipo religioso y étnico, cuna de movimientos terroristas. Las nacientes democracias de las naciones en vías de desarrollo se desmoronan ante líderes caudillistas que no dudan en crear un enemigo para fundamentar su poder y evadir la responsabilidad de sus actos, a medida que desarticulan las leyes para su beneficio propio, tales como perpetuarse en el poder o favorecer a un reducido grupo que representan las élites tradicionales. Mientras tanto, la calidad de vida de los ciudadanos se hace más precaria debido a las condiciones laborales que se venden bajo el eufemismo de “flexibilización laboral”
La pobreza aumenta las cifras de criminalidad de una sociedad, pues el único camino para sobrevivir es la violencia ejercida al margen de la ley y el orden. Esta situación es aprovechada para atizar viejas heridas históricas de cada sociedad. Algunas encuentran motivos de tipo religioso, otras profundizan las diferencias raciales o étnicas, mientras que otras solamente ven en la coyuntura la oportunidad para librarse de la opresión histórica.
Las consecuencias de la crisis van más allá de los cuestionamientos al sistema capitalista, el excesivo lujo de los “yupies” de Manhatan o la intervención del gobierno para la salvación de los bancos (en clara contradicción a las leyes del “libremercado”). Se están incubando rencores en varias partes neurálgicas del mundo, el desempleo puede generar inestabilidad social en regiones pacíficas, las protestas podrían desencadenar muchas revueltas de tipo local que serían aprovechadas por grupos terroristas para atacar a todo aquello que sea diferente a su parecer, los traficantes de armas pueden estar en la capacidad de alimentar una guerra que sea capaz de pagar el precio, mientras que miles de conflictos se incuban en cada parte del mundo.
Tal vez el terrorismo de inspiración islámica contra el que lucha Estados Unidos en dos frentes distintos, haya sido el resultado de la pésima campaña militar emprendida durante la década de los ochenta. Es el momento de actuar eficazmente contra las tensiones regionales que pululan por el mapa. El incidente en los hoteles de Bombay puede ser una clara señal de alerta ante lo que podría acontecer durante las dos próximas décadas. Tampoco hay que descuidar aquellas tensiones dormidas como las de Pakistán e India, el conflicto étnico en Bélgica y los que existen en África, ni las tensiones sociales latentes en Sudamérica. Frente a este complejo panorama mundial, es necesario recuperar las nociones de un comercio justo y unas condiciones de trabajo dignas. Es la oportunidad de que Obama haga realidad el sueño de Martín Luther King para los marginados del mundo: los renegados por el color de piel, creencias religiosas, tendencias sexuales, género y toda forma de discriminación, tan enfermiza como peligrosa para el desarrollo de las sociedades modernas, aquellas que respetan los derechos de las minorías.
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