Los pensamientos perecederos

Probablemente, en una semana estas reflexiones hayan perdido vigencia o simplemente ya sea un capítulo cerrado.
El ciclón de sucesos agita los miles de pensamientos que aparecen cada rato en la mente de quien se dedica a escribir, ya sea por afición, pasión o aflicción. La claridad en la mente se asemeja al espejismo de un sediento en medio del desierto, es un deseo que se persigue sin descanso, del que se sabe que la casualidad no otorga ni siquiera a quien lo merece; la búsqueda se complica ante la incansable marea de acontecimientos.
A cada instante se busca una reflexión en medio de lo cotidiano, que en Colombia no distingue entre la tragedia, la crueldad y la euforia; se hacen conexiones análogas para tratar de entender la compleja realidad del país y sus múltiples variaciones; se huye del lugar común que en la actualidad pondera un nacionalismo etéreo, vacuo, amorfo e insípido, mientras la razón huye de las ideas preconcebidas que proclaman las bondades de esta tierra, colmada de ternura y motosierra, de arepas, dulces, frutas, coca, traquetos, siliconas y la fastidiosa opulencia del nuevo rico, que se hace más insoportable al ver como se posiciona como paradigma social para las nuevas generaciones de jóvenes. Las reflexiones personales de tipo trascendental quieren ser las protagonistas, tal vez el ego reclama su lugar en medio de un talento que no sirve para alimentarse de ese aire de superioridad mística que destilan aquellos que posan de escribir.
El riesgo de que lo escrito deje su vaho novedoso es alto. En una semana aparecen las reflexiones acerca de la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca, pero deja de ser novedoso para dejar ver la pobredumbre de la clase dirigente de Colombia, apresurados por sentirse designados por el Presidente como el sucesor de las políticas de los seis años anteriores. Las ideas se cruzan, es imposible razonar con tranquilidad o colocarlas juntas en un solo escrito, el análisis, que se diluye en medio de la barahúnda informativa, se hace un elemento indispensable en una sociedad idiotizada por unos medios perezosos y con un afán protagónico impropio del periodista.
Dicho afán ha construido un pésimo esquema mediático cuando se cubre una noticia que despierta la solidaridad nacional. La liberación de los secuestrados cae en el insufrible esquema de los detalles acerca de cómo va a ser la bienvenida del secuestrado, la típica declaración por parte de cualquier funcionario gubernamental, los llantos de los familiares y todos los elementos relacionados con la grosera intromisión dentro del círculo íntimo de una familia que ha sufrido y luego estalla en júbilo. El menú de la comida de bienvenida, las canciones que le gustan, el arreglo de las mascotas y los detalles de su pasado son esculcados sin recato ni criterio periodístico. Ninguna de dichas notas pone en contexto el drama del secuestro, la intransigencia de las partes en conflicto, la necesidad de una acuerdo político, ni mucho menos hay un análisis histórico de las situaciones que desencadena un secuestro.
Las últimas liberaciones tienen varios elementos que hay que destacar: La activa participación de la sociedad civil en la mediación que trajo la felicidad a seis familias, el innegable papel de la senadora Piedad Córdoba –centro de polémica un año atrás y objeto de toda clase de insultos y agresiones-, las turbias explicaciones del Comisionado Restrepo y el Ministro Santos acerca de los vuelos militares durante la operación de rescate, la ayuda del gobierno de Brasil en detrimento de la exhibición mediática de otros vecinos y la vehemencia de los civiles liberados por un canje humanitario. Las FARC vuelven a tener un aire político al quedarse solamente con los militares secuestrados y abre la posibilidad de perseguir nuevamente el anhelado estatus de beligerancia, que le daría un reconocimiento como fuerza insurgente con las ventajas de tener representación internacional, pero los obligaría también a acogerse a las reglas del DIH (Derecho Internacional Humanitario) y todos los protocolos que humanizan la guerra- si de verdad existe dicha expresión-
Probablemente, en una semana estas reflexiones hayan perdido vigencia o simplemente ya sea un capítulo cerrado. Se espera con tranquilidad el próximo escándalo, la próxima captura de algún congresista, la nueva pataleta dentro de la “Casa de Nari”, la renuncia de los ministros que aspiran a heredar el Olimpo del mesiánico, el evidente desgobierno en Bogotá o algún dramático suceso que será adjudicado a las fuerzas terroristas, mientras que algunos escuchan con escepticismo las explicaciones insulsas del funcionario de turno. Muchos pensamientos se quedarán en la agenda de notas inconclusos, mutilados o a mitad de camino; mientras que otras ideas desarrolladas, analíticas y colmadas de agudeza se marchitarán antes de llegar ante el teclado del computador; serán ideas marchitas, que venían con fecha de vencimiento. Eran unas simples ideas perecederas.
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