La inteligencia inútil

Resulta difícil de entender que las personas con la mejor educación universitaria, que han crecido rodeados de privilegios y rodeados de personas de un altísimo nivel –económico, educativo y social- sean los mismos que han defraudado a miles de personas en todo el mundo, aquellos personajes cuya grosera ostentación y lujo desmedido contrasta con la pobreza generalizada en cualquier rincón del mundo.

Fueron seis carros de lujo los que le decomisaron a David Murcia Guzmán en Panamá. Dichos automóviles fueron comprados con el dinero del negocio que captaba los ahorros de muchas personas en Colombia y, según la Fiscalía General, en gran parte como resultado de actividades de lavado de dinero. La firma DMG (megalómano sello de un “holding” empresarial salido de zonas influenciadas por el narcotráfico) se convirtió en una especie de Robin Hood, que con un estilo revanchista y un fundamento populista, enfrentó a la tiranía de los bancos colombianos. Así como Murcia, aparecieron personajes con una inusitada habilidad para los negocios. Madoff y Stanford en Estados Unidos y Andrés Piedrahita en España, brillaban en las altas esferas sociales, empresariales, bursátiles y bancarias del mundo; también llamaba la atención su ampuloso estilo de vida donde tenían aviones privados e incluso paraísos fiscales propios, pero la crisis reveló la verdadera dimensión de su negocio: embelesar ricos que aparte de ambiciosos eran incautos.
Los juguetes –como se conocen a estas extravagancias- de los millonarios despiertan el morbo de los demás ciudadanos de a pie, que estiran sus últimos centavos hasta que llega la paga mensual. Dicho estilo de vida tiene unos extremos enfermos: sea la colección de carros de lujo, aviones privados o cualquier locura que el dinero pueda pagar. En la década de los ochenta, el narcotraficante colombiano Carlos Ledher llegó a tener una isla privada en los cayos cercanos a Florida, que servía como lugar de descanso, refugio de la ley y última escala de las avionetas cargadas de la cocaína que se esnifa en las fiestas de los ricos de Manhattan.
Madoff era hasta hace pocos meses un admirado miembro de la rancia aristocracia norteamericana, cuyo yerno, Andrés Piedrahita, había penetrado en los más exclusivos círculos sociales de Europa. Dichos personajes tenía casas de lujo en los sectores más exclusivos, tenían una flota de aviones a su servicio y sobra suponer que no tenían problemas de salud, hambre, recreación ni educación. Dadas estas circunstancias, resulta difícil de entender que las personas con la mejor educación universitaria, que han crecido rodeados de privilegios y rodeados de personas de un altísimo nivel –económico, educativo y social- sean los mismos que han defraudado a miles de personas en todo el mundo, aquellos personajes cuya grosera ostentación y lujo desmedido contrasta con la pobreza generalizada en cualquier rincón del mundo.
El caso de Ledher y DMG simplemente revelan lo que en Colombia se denomina “inteligencia para hacer plata”, pues la otra es inútil. Se cree erróneamente que el narcotráfico apareció debido a que unos desperados desempleados encontraron en un milagroso –aunque ilegal- un negocio lucrativo la posibilidad de ascender en una sociedad tan cerrada y clasista. La “gente bien” –así se autodenominan- es la misma clase social mediocre y perniciosa que consintió la mágica aparición de narcotraficantes, políticos corruptos, parapolíticos en sus círculos sociales; esa “gente bien” es la misma que determina quién es parte de aquel círculo tan difuso como discriminador. La clase dirigente en Colombia ha sido mediocre y cómplice en los triste sucesos que han marcado la historia del país, solamente contempla el dinero como factor de prestigio sin importar de dónde venga, ya sea de la ilegalidad, la corrupción, la violencia, la herencia o el trabajo.
Este es un rasgo característico de la sociedad colombiana: el menosprecio del mundo intelectual, cultural, democrático y ético. La cultura es vista como una cosa de idealistas perniciosos, de afeminados o como la excusa de unos buenosparanada para justificar las peligrosas ideas que se consignan en sus libros, columnas, películas, canciones, pinturas, poemas, esculturas, fotografías y revistas con contenidos que ofuscan la cómoda moral de una sociedad tan pacata como mediocre, que usa la palabra “patria” con la ambigüedad de la que se habla de dios y tratan de no complicarse la vida pensando demasiado acerca de los problemas del mundo, pues los problemas parroquiales son tan aberrantes que el mundo queda relegado a los pocos que han vivido en el extranjero.
La riqueza que genera el país no ha servido para mejorar los niveles de educación, reducir el hambre o la pobreza, pues al desaparecer alguno de estos problemas, se acabará la mano de obra lista y preparada para la guerra, ya sea con el uniforme de las fuerzas legales o ilegales (o tradicional fórmula de las fuerzas armadas ilegales apoyadas por el estado). Los campos seguirán alimentando el círculo vicioso que se ha convertido la guerra colombiana, aquélla misma que ha servido a Uribe para perpetuarse en el poder.
Mientras que la riqueza en Europa impulsó el Renacimiento como el triunfo intelectual de la creciente clase burguesa -que vio crecer su poder debido a la llegada del oro del Nuevo Mundo- ante el poder religioso de la Europa medieval, Colombia vive una época oscurantista, que se hace evidente con la persecución a los críticos del gobierno. Mientras que ciudades como Florencia, Hamburgo, Turín, Venecia, Ámsterdam o Brujas se impulsaban las artes y los comerciantes buscaban la manera independizarse del poder ejercido por la iglesia romana, los magnates modernos solamente sacian su voracidad mediante la ostentación y la millonarias compras compulsivas que van desde yates de lujo hasta equipos de fútbol, pero son insignificantes los aportes a la investigaciones en medicina, agrotecnología, ecología y nuevos combustibles respetuosos del medio ambiente. Tal vez sea el exceso de pesimismo, pero solamente serán impulsadas estas investigaciones científicas si resultan tan rentables como para llegar a comprar el mundo y todo lo que hay en este planeta.
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