Archivo | marzo 2009

Amores que matan

Al emplear una moral flexible para los hombres y una rígida para las mujeres, la sociedad está impulsando el machismo, sucio nido donde se incuba el maltrato.

El ejercicio de escribir demanda un alto compromiso de responsabilidad, equilibrio y objetividad, características inherentes al oficio periodístico que forman parte vital de su razón de ser por estar al servicio de la sociedad. Infortunadamente, este escrito rompe dichas directrices éticas con un descaro justificado, pues el maltrato a las mujeres es un tema en el cual me declaro en oposición radical, ciega, dogmática e inquisidora. En días pasados fue asesinada a golpes una mujer –colombiana residente en España- a manos de su esposo. El deplorable hecho llama la atención por haber ocurrido en un país europeo, donde los derechos y la modernidad son estandartes de la civilización.
Este tipo de noticias lleva mi sangre más allá del umbral de la ebullición, ya que dichos actos manifiestan un oscuro pasado irracional, primario e instintivo de una ralea de perturbados y disminuidos mentales que condensan el nadir de mi cenit de valores humanos. Es detestable, además de un bajo rasgo de bellaquería, tratar de justificar dichas agresiones, sean de tipo físico, psicológico, sexual o emocional.
Tampoco cabe en mi mente ninguna razón para maltratar la mujer que se ama; pero, paradójicamente, es el amor excesivo la justificación para tan deleznable acto. Todo se justifica en nombre del amor. El escritor Amós Oz manifiesta en su libro Contra el Fanatismo que en esencia todo tipo de acto radical y ciego se justifica en nombre de amor, sin importar que dichos actos sean de tipo terrorista ni que dejen una estela de muerte y desolación, pues para las mentes enfermas, estos actos utilizan al amor como mampara cotidiana. Con frialdad aquellos que maltratan manifiestan que “lo hice por que la amaba, porque era mía”.
La mujer sigue siendo considerada como un objeto propiedad del hombre a quien decide entregar sus sentimientos, una parte de su intimidad y su vida; mientras que el hombre que se sabe poseedor de su vida, se siente con el poder para controlar y decidir acerca de los mínimos detalles –cuando el universo femenino está formado por esas pequeñas pinceladas- de su existencia.
Para luchar contra esta enfermedad social que afecta al círculo familiar, en especial a los más débiles y pequeños, es necesario identificar los factores que desencadenan este tipo de situaciones, conocer las características de los agresores, difundir las políticas e instituciones que protegen a la mujer agredida y rechazar firmemente este tipo de agresores. Por mi parte, he dejado de hablarle a aquellos que ha agredido a sus esposas, compañeras o mujeres.
Existe un profundo factor de tipo cultural que subordina la mujer a los designios del hombre. Aquellas mujeres que manifiestan una abierta independencia, ofenden a muchas mentes anquilosadas que no vacilan en etiquetar dichas personas como proclives a la lascivia o con un amplio acervo amatorio que no se limita tan solo a la cama. La independencia emocional las hace “solteronas a las que las está dejando la vida” o la autonomía económica las convierte en unas “descaradas materialistas”. Al emplear una moral flexible para los hombres y una rígida para las mujeres, la sociedad está impulsando el machismo, sucio nido donde se incuba el maltrato. Existen otro tipo de presiones sociales sobre la mujer, como el miedo al fracaso y los juicios que de allí se desprenden, la dependencia económica que otorga el rol dominante al hombre, el tradicional papel de la mujer que la doblega al hombre que mantiene el hogar, quien por el hecho de trabajar debe ser atendido en la mesa y la cama.
Los oficios domésticos son vistos como algo inherente al hombre trabajador que ha conseguido una mujer. Las labores del ama de casa son considerados como un oficio sin valor económico, tal vez por la sobrevaloración de las labores que requieren gran esfuerzo físico o aquellas asociadas al poder de la testosterona, como el abuso de bebidas alcohólicas y frecuentes episodios de drogadicción que sirven como excusa para justificar este abominable acto. Todo vale en el mundo masculino cuando hay episodios de “lagunas mentales”, que olvidan convenientemente el maltrato.
En un altísimo porcentaje estos episodios violentos ocurren en el círculo familiar, que al ser una institución cerrada –escenario propicio para agresiones repetitivas-, las víctimas se sienten incapaces de escapar de sus agresores al estar sujetas por una fuerza física, dependencia emocional, aislamiento social, dependencia económica, legal o estabilidad social.
Las mujeres maltratadas se hallan frente al futuro incierto, las críticas sociales y personales, y la inseguridad de enfrentar el mundo, mas si han sido víctimas de frecuentes humillaciones que desgastan su autoestima. Las manifestaciones de maltrato psicológico, como desvaloraciones constantes, críticas corrosivas y humillaciones, posturas amenazantes por parte del hombre, imposición de conductas degradantes, excesivo control y restricción – control de amistades, dinero, salidas de casa-, la culpabilización de la mujer o actitudes violentas como romper cosas o golpear paredes, van minando la salud mental y física de la mujer al sentirse en un ambiente hostil. Al romperse el límite del respeto, una agresión es inminente.
El agresor se caracteriza por ser un celoso excesivo, posesivo que se irrita fácilmente al ponerle límites, no controla los impulsos, bebe en exceso, culpa a otros de sus problemas, tiene problemas de comunicación para manifestar sus sentimientos, bruscos cambios de humor, comete actos de violencia, historial de maltrato, baja autoestima (que lo lleva a valorar situaciones como amenazantes), carencia para solucionar conflictos y cree en la subordinación de las mujeres. Este tipo de señales son una alerta roja para las mujeres, debido a que el 74% de los individuos violentos, también lo son en su hogar.
La sociedad deber unirse para evitar este tipo de conductas, dejar a un lado la moral facilista que pregona que “la ropa sucia se lava en casa” y evitar los reproches que ponen en duda a la víctima, mientras que justifican al agresor por las fallas de la mujer. Es necesario desarrollar desde el hogar –gran y verdadera escuela de la vida- actitudes que fomenten la comunicación y la igualdad de géneros. Hay que difundir las ventajas de denunciar al agresor para que la mujer recupere el control de su propia vida, adquiera confianza y respeto, rescate a los hijos de una ambiente violento, se relacione con otras personas, ponga fin al abuso y la humillación, tome distancia del miedo y el peligro, y advierta al maltratador que el asunto va en serio.
Finalmente, también debe rechazar cualquier tipo de acto violento que exponga a las mujeres a cualquier tipo de agresión, mas en un país en conflicto donde ellas se convierten en un botín de guerra o una población extremadamente vulnerable al asecho de los grupos armados que intervienen en el conflicto.
Es imperativo que los hombres abandonemos actitudes que ven a la mujer como un objeto doméstico, una esclava o sirvienta, un trofeo para mostrar ante los demás machos, un escudo para evadir responsabilidades propias de cada etapa de la vida o una excusa para enfrentar los propios problemas y defectos. Bienvenida la mujer compañera y crítica, la mujer complemento al universo masculino, la mujer que, como Virgilio, sirve de guía por un mundo colmado de trampas y decepciones, la mujer amiga y solidaria que sirve al hombre para ser cada día mejor y ser digno de su compañía, y de esta manera asumir el bello reto de comprender el universo femenino, su visión de vida y aquel sentir tan distante de la predominante testosterona.

La fragilidad del equilibrio

Es sano para una democracia que exista un estricto control al comportamiento de sus funcionarios, pero pareciera que la Procuraduría con sus investigaciones está haciendo favores a la “Casa de Nari”

Kafka, en Colombia, no pasaría de ser un cronista costumbrista que sería perseguido por favorecer el “terrorismo” –según diría César Mauricio Velásquez- o una “caja de resonancia” –sentenciaría el etéreo vicepresidente “Pacho” Santos. Tampoco tendría un mejor ambiente en la oposición, que lo acusaría de callar lo importante, faltar a la verdad y estar arrodillado al poder. Ésta es la disyuntiva que enfrenta aquel que se atreve a no tomar partido, a ver las cosas con mesurada objetividad entre una radicalización peligrosa para la sociedad y malsana para cualquier mente crítica.
Al escuchar programas de radio donde participan los oyentes, leer las opiniones de los lectores en foros cibernéticos de periódicos y revistas u ojear los grupos que nacen en las comunidades virtuales, queda en evidencia la pobreza intelectual de las discusiones, que se desvían en exagerados cultos al ego, intensas demostraciones de fútil sabiduría o cobardes ataques de quien usa como escudo un computador. Las ideas son reemplazadas por cualquier pretexto o frase provocativa que desata un polémica distractora, la clásica cortina de humo que nubla lo importante.
Esta semana, por ejemplo, la Procuraduría abrió la carrera informativa con la absolución a los funcionarios del gobierno vinculados con el delito de cohecho, pero terminó con la bochornosa presencia de DMG sobre el Contralor Distrital, encargado de la transparencia de los funcionarios públicos en Bogotá. Ambos casos resumen lo que es Colombia a lo largo y ancho de su historia, una maraña de retruécanos legales, anécdotas de la corruptela, sangrientas disputas políticas que terminan en el brindis de la euforia y la repartija de la burocracia sin recato ni vergüenza.
En el caso de la Procuraduría General de la Nación, es evidente el talante con el que favorece –absolviendo sería el término más preciso- a los funcionarios investigados, allegados al gobierno, aquellos mismos que son investigados por la Corte Suprema de Justicia por el delito de cohecho al ofrecer cuotas burocráticas y notarías a Yidis Medina y Teodolindo Avendaño para que favorecieran con su voto la reelección presidencial. Resulta que para que se tipifique el delito de cohecho se requiere que exista alguien que ofrezca y quien lo reciba. Pero al Ministerio Público este hecho parece nimio e irrelevante.
Es sano para una democracia que exista un estricto control al comportamiento de sus funcionarios, pero pareciera que la Procuraduría con sus investigaciones está haciendo favores a la “Casa de Nari” con su insospechada presencia en el Banco de la República y el acceso a los computadores de Raúl Reyes. Con la misma diligencia debería investigar a los funcionarios vinculados a DMG y las mágicas fortunas que financian candidatos en tierras del Huila -Hernán Andrade, actual Presidente del Senado- Cartagena, donde el “Turco” Hilsaca tiene bajo su poder a varios mandatarios regionales, y faltan datos de las demás provincias.
Centrarse en Yidis es marcar un “sesgo ideológico”, término que usó Uribe para desprestigiar a la Corte Suprema de Justicia. Se escuchan aplausos cuando estos funcionarios son absueltos, y se siembra la duda cizañera cuando son desfavorables. No es que ahora Yidis y Teodolindo sean los mártires de la democracia colombiana, ya que desde sus inesperadas actuaciones en el Congreso abrieron el abismo de la desconfianza en muchos ciudadanos. El Caso “Yidis” manifiesta que la politiquería no es delito -aquél que el remoto candidato Uribe prometió acabar sin piedad- sino más bien ha servido para mantener el remedo de democracia que nació con la re-elección presidencial, pues rompió el equilibrio de poderes concebido por la Constitución del 91.
La responsabilidad le cabe tanto al gobierno, del cual ya no sorprenden dichas actitudes propias de la dictadura civil, como a la oposición que votó por un candidato que representa el antípoda ideológico de lo que dicen defender. Las comunidades homosexuales deben estar pensando seriamente en votar por los candidatos del Polo que avalaron a Ordóñez Maldonado, de quien son recordadas su opiniones acerca del homosexualismo a la luz de la religión.
El Polo terminó siendo el mejor aliado de Uribe por su incapacidad para enfrentar las conveniencias políticas, zanjar las discusiones bizantinas acerca de la pureza de las ideas y acomodar el pragmatismo ideológico al político de turno, mientras continúa sin demostrar que la oposición es algo más que la férrea crítica, es participar con propuestas sensatas, viables e igualitarias. El caso del contralor Rojas Birry da grima, no solo por aferrarse al cargo que llegó entre polémicas y dudas, sino por la incapacidad del Polo por marcar diferencias cuando tuvo la oportunidad desde el poder.
Hay que estar atento a la Procuraduría, debido a que se puede transformar en manía el hecho de recurrir a investigaciones estrambóticas para llamar la atención de los medios y ganar el aplauso de la Presidencia.

Alquimia de una hecatombe

El Gobierno está creando la hecatombe que favorezca la continuidad de la política de los últimos seis años, mientras que la oposición solamente muestra un discurso “antiuribista” carente de propuestas novedosas y alternativas frente a los notorios fracasos de gobierno y la crisis económica mundial.
Nathaniel Hawthorne, escritor norteamericano que plasmó con genialidad los peligros del miedo en su obra Las Brujas de Salem –después llegaría al cine-, trascendió el tiempo con su olfato literario para exponer al miedo como arma política, social y electoral. No se trata del miedo a la oscuridad, los recintos cerrados o los espacios abiertos, sino el miedo que se difumina en las masas humanas hasta alcanzar dimensiones tan peligrosas como delirantes. En su creación, Hawthorne narraba la manera en que el pánico se expandió en una pequeña comunidad puritana, hasta llegar a cobrar la vida de varios de sus pobladores. Los líderes de la comunidad aprovecharon esta situación para desviar la atención acerca de varios temas que pesaban en su férrea moral y, de paso, acabar con varios enemigos y contradictores, o al menos poner en duda ante la comunidad su legitimidad como contradictores.
Cuatro siglos después, Colombia imita el caso de Salem. Las hogueras han se han reducido a rescoldos, las brujas pertenecen más al universo peyorativo del resentimiento que al realismo mágico tan propio de estas tierras y la mentalidad medieval despareció para dar espacio a la razón y la democracia. Pero la antiquísima táctica de emplear el miedo como artilugio político persiste en la democracia prenatal, amorfa y voluble de varios países latinoamericanos, Colombia entre ellos. Juan Manuel Santos es el enigmático y audaz personaje, quien está demostrando una desmedida ambición política al avivar las tensas relaciones con Ecuador y Venezuela, rancia estrategia populista que toca el instinto nacionalista de cualquier país.
Con exagerado protagonismo, Santos está tratando de “pescar en río revuelto” en un momento crítico para la región, pues los presidentes de Ecuador y Venezuela también aprovecharán esta situación para impulsar una reforma constitucional que los perpetúe en el poder.
Es preocupante que sea Santos quien haga este tipo de declaraciones como Ministro de Defensa, mientras la Cancillería pasa inadvertida en este delicado episodio. La mediocridad que caracteriza el manejo diplomático en el país, el cual es un botín electoral y el vasto tesoro con el que el gobierno de turno premia a sus servidores, patrocinadores y amistades íntimas, permite que este tipo de actuaciones tomen las dimensiones tan peligrosas que se avizoran. La carrera diplomática deja de ser un asunto estratégico de cualquier gobierno en la plenitud de la globalización e internacionalización de los mercados para ser manejada por dudosos criterios de compinchería, corrupción y politiquería.
Las tensas relaciones con los vecinos –e importantes socios comerciales- están condicionadas a la simpatía de dichos gobiernos con las FARC, quienes a su vez ven a la guerrilla como un problema que encontró refugio en las fronteras tras el acoso de las FF.MM apoyadas por EE.UU. En la región, Colombia es vista como un comodín de EE.UU, que permite la ayuda de militar justificada en la lucha contra el narcotráfico; paradójicamente, el número de hectáreas cultivadas en Colombia no disminuye. El ministro Santos no es visto con buenos ojos por los gobiernos de Chávez y Correa, ya sea por su cercanía con Washington o personajes tan cuestionados como J.J Rendón.
Las FARC nuevamente serán un elemento clave en la democracia colombiana porque radicalizará las posiciones políticas de las distintas fuerzas políticas del país. El Gobierno está creando la hecatombe que favorezca la continuidad de la política de los últimos seis años, mientras que la oposición solamente muestra un discurso “antiuribista” carente de propuestas novedosas y alternativas frente a los notorios fracasos de gobierno y la crisis económica mundial. Los “gobiernistas” quieren continuar disfrutando de las mieles del poder, la oposición seguirá tan embolatada como el tráfico bogotano tratando de encontrar la oportunidad de salir de las disputas internas y proponer ideas que vayan más allá del “antiuribismo”. Se requiere una oposición crítica, respetuosa, constructiva y alternativa, rompa con la desgastada disputa entre “radicales” y “progresistas”, que trascienda las diferencias para hacer un debate nacional acerca de lo más conveniente para el país.
Con descaro, el Gobierno está aprovechando esta situación para desviar la atención de la opinión pública del execrable caso de las “chuzaDAS” y está maquinando el ambiente más propicio para crear una hecatombe a medida de las aspiraciones del Presidente, de las que se sabe no son modestas. Pero algunos insistimos en afirmar que el traje nuevo del emperador no existe, que su desnudez apena a los que creen en la justicia, la democracia y el Estado de Derecho.
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Bonus track: Con el atentado al acueducto de la ciudad de Villavicencio, con una población cercana a los 300 mil habitantes, las FARC demuestran nuevamente que su miopía estratégica y su desespero militar los alejan cada vez más de la legitimidad que buscan con el estatus de fuerza beligerante, pues es indispensable el respeto por las normas del Derecho Internacional Humanitario, que prohíbe el ataque a locaciones vitales para la población civil.

Sin esfuerzo

Tengo serias reservas con las personas cuyos sueños solamente están concentrados en la acumulación de cosas materiales, pues el desarrollo intelectual, personal y espiritual que se diluye con el paso de los años, los hace mediocres, perniciosos y con una superioridad artificial y débil.
Palabras que van y vienen, que desaparecen por la falta de uso, ya sea porque el vértigo de las invenciones tecnológicas que las deja en el pasado o porque han pasado a una prehistoria idiomática. “Casete” se rezagó en medio del grupo de neologismos modernos como “MP3” o “Ipod”, así como “Renacimiento” antecedió al “Barroco” y éste cedió cuando apareció el “modernismo” que se ven tan lejanos en los libros de historia del arte. Palabras como bardo, mita o mosquetón desaparecieron para dar paso a otras que aparecen por designio de las modas (Jean o tenis) o por la ideología dominante (Nazi o Glasnot). “Pragmatismo” hace referencia a una tendencia difusa que lleva a que las personas renuncien a sus propios sueños, a que sus convicciones se rindan ante la voracidad del mundo caníbal que consume hombres libres para obligarlos a encajar en un modelo establecido, aunque éste no sea correcto. Es aceptar el miedo como parte inherente de la existencia humana, distinto del temor que nos obliga a defender la vida propia, sino aquél que sirve de mampara para la pereza.
El antiquísimo instinto de conservación arraigado en los primeros humanos sedentarios y que tuvo su esplendor en la Edad Media, cuando todo aquello que se estaba fuera de las aldeas o del troquel religioso era considerado herético o profano, son las evidencias históricas de ese miedo maléfico. En la actualidad, el miedo es un lucrativo negocio, que abarca desde la venta de candados, complejos sistemas de seguridad hogareños, hasta los ataques preventivos con misiles y portaviones.
Existe un pecado social tan temido como indefinido que, al no tener un límite claro, puede asustar a todo tipo de personas: ser un perdedor. Tan amplia es su maléfico asecho, que muchos huyen presurosos de él sin importar que se usen fatuos escudos como la ostentación y la simulación de una “vida perfecta”, triste realidad que impulsa la hipocresía y la discriminación. Las victorias pírricas que sirven para dopar el miedo latente en cada uno de nosotros, pero que no son útiles al momento de satisfacer la autoestima, por ello se recurre a llenar los hogares con artilugios de última tecnología que pasarán de moda el año próximo. Tengo serias reservas con las personas cuyos sueños solamente están concentrados en la acumulación de cosas materiales, pues el desarrollo intelectual, personal y espiritual que se diluye con el paso de los años, los hace mediocres, perniciosos y con una superioridad artificial y débil.
Es la excusa que siempre se dará uno mismo para evitar enfrentar el fracaso, para tener la cómoda posición de evitar el esfuerzo, quemar neuronas en un proyecto, perder tiempo en analizar, investigar, comprobar, elaborar una estrategia y hacer una pausa para descubrir las fallas y corregirlas. El fracaso es un pesada carga que nadie se atreve a cargar ni a reconocer que se lleva en la espalda.
Actualmente, el hombre espera levantarse un día pletórico de esperanza, con el camino allanado y el éxito garantizado al final del día. Las soluciones fáciles que se venden en libros que no van más allá de un nombre ingenioso y un precio considerable, tienen la capacidad de vender soluciones vacuas a mentes ídem. El proceso, el análisis, la ejecución de un plan y la evaluación son vistos como elementos de un complejo proceso científico o industrial, que nada tienen que ver con la vida de una persona. Unas personas cómodas que evitan pensar y prefieren encontrar las respuestas en un fastidioso géneros llamado “autosuperación”
En la jornada se encuentra de frente con su propia fragilidad, afloran miedos ausentes e inusitados, mientras que el esfuerzo de hace mayor a medida que la meta se hace menos lejana. Al llegar a la meta solamente se piensa en el cansancio, mientras que el dolor, el sacrificio y el esfuerzo se convierten en preciosas experiencias que enaltecen el difícil camino recorrido. El arduo trabajo tranquiliza la mente, la equilibra y brinda la posibilidad de saber que muchas más metras son posibles, que se puede ir más allá de los propios límites y comenzar a soñar.
El miedo es útil si se transforma en valor, sagacidad, inteligencia y seguridad para enfrentar su propio destino con honor y amor.

Sound Track: Comfortably numb by Pink Floyd. http://www.youtube.com/watch?v=0wtiNzci1Wc