Alquimia de una hecatombe

El Gobierno está creando la hecatombe que favorezca la continuidad de la política de los últimos seis años, mientras que la oposición solamente muestra un discurso “antiuribista” carente de propuestas novedosas y alternativas frente a los notorios fracasos de gobierno y la crisis económica mundial.
Nathaniel Hawthorne, escritor norteamericano que plasmó con genialidad los peligros del miedo en su obra Las Brujas de Salem –después llegaría al cine-, trascendió el tiempo con su olfato literario para exponer al miedo como arma política, social y electoral. No se trata del miedo a la oscuridad, los recintos cerrados o los espacios abiertos, sino el miedo que se difumina en las masas humanas hasta alcanzar dimensiones tan peligrosas como delirantes. En su creación, Hawthorne narraba la manera en que el pánico se expandió en una pequeña comunidad puritana, hasta llegar a cobrar la vida de varios de sus pobladores. Los líderes de la comunidad aprovecharon esta situación para desviar la atención acerca de varios temas que pesaban en su férrea moral y, de paso, acabar con varios enemigos y contradictores, o al menos poner en duda ante la comunidad su legitimidad como contradictores.
Cuatro siglos después, Colombia imita el caso de Salem. Las hogueras han se han reducido a rescoldos, las brujas pertenecen más al universo peyorativo del resentimiento que al realismo mágico tan propio de estas tierras y la mentalidad medieval despareció para dar espacio a la razón y la democracia. Pero la antiquísima táctica de emplear el miedo como artilugio político persiste en la democracia prenatal, amorfa y voluble de varios países latinoamericanos, Colombia entre ellos. Juan Manuel Santos es el enigmático y audaz personaje, quien está demostrando una desmedida ambición política al avivar las tensas relaciones con Ecuador y Venezuela, rancia estrategia populista que toca el instinto nacionalista de cualquier país.
Con exagerado protagonismo, Santos está tratando de “pescar en río revuelto” en un momento crítico para la región, pues los presidentes de Ecuador y Venezuela también aprovecharán esta situación para impulsar una reforma constitucional que los perpetúe en el poder.
Es preocupante que sea Santos quien haga este tipo de declaraciones como Ministro de Defensa, mientras la Cancillería pasa inadvertida en este delicado episodio. La mediocridad que caracteriza el manejo diplomático en el país, el cual es un botín electoral y el vasto tesoro con el que el gobierno de turno premia a sus servidores, patrocinadores y amistades íntimas, permite que este tipo de actuaciones tomen las dimensiones tan peligrosas que se avizoran. La carrera diplomática deja de ser un asunto estratégico de cualquier gobierno en la plenitud de la globalización e internacionalización de los mercados para ser manejada por dudosos criterios de compinchería, corrupción y politiquería.
Las tensas relaciones con los vecinos –e importantes socios comerciales- están condicionadas a la simpatía de dichos gobiernos con las FARC, quienes a su vez ven a la guerrilla como un problema que encontró refugio en las fronteras tras el acoso de las FF.MM apoyadas por EE.UU. En la región, Colombia es vista como un comodín de EE.UU, que permite la ayuda de militar justificada en la lucha contra el narcotráfico; paradójicamente, el número de hectáreas cultivadas en Colombia no disminuye. El ministro Santos no es visto con buenos ojos por los gobiernos de Chávez y Correa, ya sea por su cercanía con Washington o personajes tan cuestionados como J.J Rendón.
Las FARC nuevamente serán un elemento clave en la democracia colombiana porque radicalizará las posiciones políticas de las distintas fuerzas políticas del país. El Gobierno está creando la hecatombe que favorezca la continuidad de la política de los últimos seis años, mientras que la oposición solamente muestra un discurso “antiuribista” carente de propuestas novedosas y alternativas frente a los notorios fracasos de gobierno y la crisis económica mundial. Los “gobiernistas” quieren continuar disfrutando de las mieles del poder, la oposición seguirá tan embolatada como el tráfico bogotano tratando de encontrar la oportunidad de salir de las disputas internas y proponer ideas que vayan más allá del “antiuribismo”. Se requiere una oposición crítica, respetuosa, constructiva y alternativa, rompa con la desgastada disputa entre “radicales” y “progresistas”, que trascienda las diferencias para hacer un debate nacional acerca de lo más conveniente para el país.
Con descaro, el Gobierno está aprovechando esta situación para desviar la atención de la opinión pública del execrable caso de las “chuzaDAS” y está maquinando el ambiente más propicio para crear una hecatombe a medida de las aspiraciones del Presidente, de las que se sabe no son modestas. Pero algunos insistimos en afirmar que el traje nuevo del emperador no existe, que su desnudez apena a los que creen en la justicia, la democracia y el Estado de Derecho.
~~~
Bonus track: Con el atentado al acueducto de la ciudad de Villavicencio, con una población cercana a los 300 mil habitantes, las FARC demuestran nuevamente que su miopía estratégica y su desespero militar los alejan cada vez más de la legitimidad que buscan con el estatus de fuerza beligerante, pues es indispensable el respeto por las normas del Derecho Internacional Humanitario, que prohíbe el ataque a locaciones vitales para la población civil.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s