Archivo | junio 2010

Baja la temperatura

La ausencia de estos días no ha sido grata, a la espera de un toque mágico, una jugada traída de otra galaxia o un partido de aquellos en los que los dos equipos dejan el alma en el sudor de la camiseta, las palabras y las ideas se desvanecen al descubrir que estamos viendo el peor mundial de fútbol.
Muchos creían que el Mundial de Estados Unidos del 94 fue aburrido hasta el asco, pero al menos se veían las tribunas llenas en ese verano que fundía los jugadores en la cancha. La FIFA, tan hábil para los negocios como irrespetuosa con los aficionados al fútbol, no pensó en las consecuencias de llevar el campeonato a una tierra ignota, tristemente recordada por el “Apartheid” y salvada por la imagen de Nelson Mandela. Aparte del campeón, nada más será recordado en este Mundial.
Las críticas sobre el insufrible sonido de las corneticas sin ninguna tradición histórica –otra mentira para el rosario de falacias de Blatter- no han hecho mella en la soberbia de la FIFA, como tampoco prestará atención a las críticas que se hacen al balón. (Comienzo a sospechar que la palabra “Jabulani” significa aburrimiento en alguna lengua).
El panorama es el mismo: un equipo pequeño sale a la cancha a defenderse con nueve jugadores y apuesta al gol en una maniobra rápida, lograda más por la desesperación del contrario que por mérito propio. Son pocas las selecciones que no han sucumbido ante este desgraciado sino: Brasil, que comienza a engranar, Chile, fiel reflejo de la impronta de Marcelo Bielsa –que dolor por la oportunidad que perdió Colombia de contratarlo-, Paraguay, que bajo la égida de Martino ha mejorado notablemente su juego histórico y México, que combina el amor a la camiseta con una actitud paciente e inteligente.
Las sorpresas ya desinflaron al más entusiasta de los hinchas. Inglaterra no levanta, España defrauda y pide a gritos un Messi, Alemania sucumbe ante su propia incapacidad, Fracia está fragmentada e Italia se siente el paso de los años. La lógica de los mercados se hace evidente en el fútbol, pues Suramérica alimenta con jugadores talentosos las ligas con más dinero, mientras que sus selecciones se diluyen entre la incapacidad y la táctica rígida. Basta con recordar al campeón de la Liga de Campeones: El Inter de Milán sólo tuvo un jugador durante la final del pasado 22 de mayo (quien incluso entró cuando restaban 10 minutos para terminar el partido).
Una vez seleccionados los finalistas, el campeonato comienza en verdad. Adiós a los equipos intrascendentes, cuyos nombres sólo sirven para una rápida clase de geografía y para mantener a Blatter a la cabeza de la FIFA. Razón tenía Mr. David Yallop en su libro “Cómo nos robaron la copa”.
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La cuestión racial

Es un mundial ruidoso y frío, con equipos temerosos que sólo tienen como táctica la defensa. Sin embargo, el ambiente de fiesta sigue encendido en el corazón de cada futbolero. Falta una fecha para poder ver el estreno de todas las selecciones, pero hay un par de detalles que llamaron la atención en los partidos del fin de semana.
Hasta el momento el equipo más sólido es el de Alemania, que enamora con la dinámica de sus jugadores y el evidente trabajo táctico de Lowe –una gran lección para aquellos que siempre piden la cabeza del técnico antes de comenzar a jugar-. Es un equipo multirracial, con jugadores nacidos en otras tierras o hijos de inmigrantes que sienten la nación de Goethe como propia. Europa ha sido un destino para los inmigrantes, tantas veces despreciados en plena época de globalización y apertura de mercados.
Podolsky y Klose nacieron en Polonia, mientras que Özil es hijo de turcos. Pero aún existen voces con cierto tufillo nacionalista que detesta cualquier asomo cultural de cualquier otra parte del mundo. En una época de comunicaciones, viajes y pasaportes, solamente la mentalidad obtusa de aquellos miedosos que no se atreven a dar un paso aparece como una barricada hostil que impide el hecho de conocer otras culturas. Para rematar la variedad étnica de los alemanes, aparecen pieles morenas y nombres latinos.
Un capítulo aparte merece el partido disputado entre Paraguay e Italia, una demostración de dos equipos que salieron a buscar la victoria desde el primer minuto de juego, donde a pesar de la fuerza no hubo tarjetas rojas ni constantes entradas de la camilla para auxiliar a los agonizantes futbolistas. Una gran lección para el fútbol colombiano.
Mañana debuta una de las selecciones favoritas: España. Ojalá una victoria, acompañada de un buen juego, ahuyente cualquier asomo de miedo escénico. Brasil, al mejor estilo de su director técnico, no convence ni enamora, pero comenzó con una victoria, mientras que Portugal y Costa de Marfil sucumbieron ante el miedo.

El Mundo en un balón


El título de esta serie copia al título del libro de Frank Foer, quien trata de explicar la manera en la que el negocio del fútbol concita una serie de sucesos globales. En  medio de un mundo hiperconectado, donde la marea informativa se hace monótona y repetitiva hasta el hastío, este ejercicio que hoy inicia, tratará de plasmar una serie de precepciones y sensaciones  que genera la Copa Mundial de fútbol.

De antemano presento excusas por el descarado privilegio de las pasiones que el fútbol genera en quien escribe estas letras. La principal motivación está en asumir el reto que propone Santiago Segurola (periodista español), acerca de dar al lector alguna información adicional a la que tiene en durante el partido, en los programas radiales y la internet.
No serán dogmas férreos e incontrovertibles los que aparecerán durante este mes; al contrario, será un espacio para la discusión y la amistad, uno de los sentimientos que más publicita la FIFA. Arranca el Mundial, un plato por el que se espera cuatro años.

BLINK

La palabra “blink” es el término creado en un libro que propone que no hay que desconfiar de la primera impresión. Definitivamente este será un Mundial ruidoso, con el ensordecedor ruido en las tribunas de las cornetas que en Suráfrica las conocen como “vuvuzellas”, que opacará los colores, las razas y los sonidos de las canchas.
En la cancha se ven equipos temerosos de atacar, al parecer los genios miden sus fuerzas y talentos para momentos críticos, los técnicos saltan con la convicción de no perder o hacerlo por pocos goles y los hinchas están más interesado en las pantallas de los estadios que el mismo juego.
México encontró un empate en la inexperiencia surafricana, que marcó el primer gol del mundial ante un deficiente planteamiento defensivo de los jugadores de Javier Aguirre. En el otro partido, Uruguay y Francia empataron con muchísimo miedo. La primera jornada dejó una sensación de aburrimiento, donde los planteamientos tácticos serán vulnerados por alguna genialidad, que es el único argumento defensivo con el que cuentan muchas selecciones.
Argentina se enfrentó a Nigeria con la firme intensión de comenzar la beatificación futbolera de Lionel Messi, quien no ha decepcionado, mas de nada sirve el talento sin que sea respaldado por un trabajo táctico acertado. Las indecisiones de Jonás Gutiérrez y la fantasmal presencia de Di María comienzan a dar la razón a quienes reclaman la presencia de Zanneti y Cambiasso. Los errores en marca de Jonás obligaron a Verón a retroceder para apoyar en la marca, hecho que lo aleja del área contraria y deja a Argentina sin una alternativa ofensiva. Nigeria demuestra el sino de las selecciones africanas: colmadas de estrellas de altísimo nivel pero lejos de cuajar como un equipo de fútbol. Se destaca el arquero Vincent Enyeama, figura del partido a pesar de la derrota de su equipo.
Sorprende Corea del sur a una selección griega, de ingrata recordación por su estilo ultradefensivo de la Eurocopa de 2004.
Inglaterra y Estados Unidos demostraron varios lugares del fútbol: el gol de camerino de Steven Gerrard al minuto cuatro sorprendió hasta a los televidentes, mientras que el empate gringo fue un certero golpe a la confianza inglesa, pues el arquero no ofrece ninguna seguridad más allá de su presencia para evitar que entren los balones fáciles. La pelota Jabulani parece un esférico rebelde a los deseos del jugador. En las repeticiones de televisión parece que tuviera vida propia, que le gustar hacer parábolas imposibles y elevarse con inusitada facilidad. Adidas asegura que es el balón más redondo de la historia, lo que genera muchas duda geométricas en los balones anteriores (¿acaso eran ovalados o cuboides?).
Los primeros encuentros ofrecen un panorama de lo que pueden ser los próximos días, pero aún no se ve una selección de nivel superior, a pesar de que no hace mucho calor. Ojalá el nivel suba, porque se necesita con urgencia.