Archivo | agosto 2012

Gran torino

La desesperanza aparece cuando el mundo se derrumba ante sus ojos. Walt Kowalski (Clint Eastwood) acaba de enterrar a su esposa, mientras debe soportar la compasión de sus dos hijos y un barrio que se ha convertido en un refugio de inmigran

tes asiáticos, pandilleros y desocupados, un lugar inapropiado para crecer. Muchos de los detractores dirán que el papel de Eastwood no representó ningún reto, pues sencillamente se interpreta a sí mismo: un hombre duro, forjado en los horrores de la guerra de Corea y la crisis del empleo automovilístico de Detroit, que poco sonríe y escupe mucho.
Sin embargo, la película va más allá del clásico Harry “El sucio”, pues plantea que nunca será tarde para la redención, tratar de corregir el camino y redimir las faltas que incesantemente aquejan el espíritu de los hombres. Ojalá el tiempo resalte la vitalidad de los relatos de Eastwood, quien sabe dirigir películas lentas que cautivan a un espectador que necesita algo más allá de la industria de los superhéroes, sexy vampiros y comedias para adolescentes eternos.

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