Archivo | octubre 2012

El grillete blanco

La cotidianidad otorga al ser humano la somera sensación de tener el poder sobre su existencia. Sentir que se tiene el poder sobre el tiempo y las acciones futuras, permite hacer planes y soñar con las cosas que pueden pasar en un mañana. Sin embargo, frente a los repentinos giros de la existencia, condicionados a la fortuna, el hombre enfrenta miles de problemas que se erigen como un reto que permite reconocer sus fortalezas, miedos y capacidades.
En los momentos de crisis estamos más cercanos a la fragilidad, aquel elemento que ignoramos con una insolente facilidad. Al sentir el asecho de la vulnerabilidad imanente, enfrentamos los aspectos claves de nuestras debilidades, no como los errores y resabios que forman parte del carácter de cualquier persona, sino aquella condición que nos aleja de la inmortalidad creada por el vértigo de lo baladí que imponen la cotidianidad y la incesante ráfaga informativa.
En una típica mañana bogotana de sábado –gris, fría y con asomos de llovizna-, tras el ascenso al cerro de Monserrate, al bajar resbalé por un peldaño y caí: luxofractura del tobillo izquierdo, donde se rompió el peroné. En este momento, aún trato de comprender qué pasó, qué pude hacer para evitar que este suceso ocurriera y tras estas preguntas una serie de autorecriminaciones, sin olvidar culpar a los políticos de turno y demás excusas relacionadas con la injusticia y el Estado ineficiente. Aunque debo apuntar que la abulia de los miembros de la Policía Nacional frente a mi caso es una afrenta a un ciudadano que paga impuestos.

Así lucía mi tobillo izquierdo tras el accidente.

El primer miedo que enfrenta un colombiano ante esta situación es pasar por los trámites de salud. En honor a la verdad, reconozco que Sanitas EPS se ha comportado con eficiencia, respeto y consideración en todo momento. He encontrado un grupo humano altamente profesional, con un claro concepto de servicio y compromiso con aquellas personas cuya salud se ve afectada.
Una vez hecha la valoración, con el yeso puesto y  una incapacidad de 30 días, comienzan las reflexiones. Adaptar un sitio de trabajo, cumplir con los compromisos adquiridos… en fin, se trata de hallar la manera de sobreponerse a los límites de mi movilidad, aceptar la ayuda de mi madre para la comida, tender la cama y que mi cuerpo reconozca que no puede tener el habitual ritmo de actividad, que incluye tender la cama, bañarme rápido para ahorrar agua, correr, ir al gimnasio, caminar, montar bicicleta o ir al cine. Todas mis actividades se ven limitadas por el yeso en mi pierna izquierda –aquél grillete blanco-.

Así amaneció en día siguiente
Tras la cirugía de osteosíntesis, siguen 30 días de recuperación.
Han sido cancelados varios eventos que tenía programados: carrera nike, fiestas de disfraces o la carrera Unicef. Hace poco, la mujer que me atrae mucho me invitó a un seminario musical, invitación que rechacé con tristeza, pues mis limitaciones de movilidad son un problema grave en una ciudad con semejantes problemas de tráfico, debido a que repentinamente se origina un trancón con la simple pinchada de un carro.
Una de las cosas que más lamento es no poder mantener el contacto con la mujer que mencioné anteriormente. Aunque pareciera contradictorio en la actual época de las comunicaciones, admito que me gusta verla, olerla, saber cómo está vestida, comprender la manera como enlaza sus palabras con los tonos y los movimientos de sus manos, ver sus gestos –en especial su sonrisa- y todos aquellos detalles en solo pueden ser percibidos por los sentidos de forma simultánea. Se trata de una sinestesia de la que ella es eje de una serie de sentimientos que me reconfortan, en la que no soporto tener una charla por el chat o vía skype, pues necesito sentirla.
Tras la cirugía que busca recomponer la fractura (osteosíntesis en el idioma de los ortopedistas y traumatólogos), inicia una lenta recuperación de 30 días –algo que no le va a gustar mucho a mi jefe-. Hasta el momento ha sido un tiempo para reencontrarme con la lectura y la escritura, evitar ver televisión y volver a escribir. El tiempo libre me ha permitido planificar un viaje el otro año, determinar algunas prioridades inmediatas que mejoren mi calidad de vida.
No es fácil admitir que una piedra húmeda evidenció mi carácter mortal, que me mostró la fragilidad que mi ego ignora con soberbia. Es difícil enfrentar un nuevo rol cuando tenía aprendido todo el libreto, reconocer mi cuerpo con ese pesado lastre que me recuerda que al final, todos moriremos y pocos serán héroes. Pocos aceptan el dolor y la angustia del heroísmo sin que ese sacrificio al menos esté asociado al reconocimiento o admiración de los demás mortales.