August Rush

“Cada vez que te pase algo malo, (la música) es el único lugar al que puedes escapar y simplemente dejarte llevar.”


En tiempos donde la predicción de Marx sobre la especialización del trabajo se hace realidad con terrible precisión, cuando los melómanos reprimidos miramos con admiración aquellos valientes que apostaron por hacer música por la simple razón que es la única manera como su alma encontró la manera de expresarse, aparece August Rush (Kirtsten Sheridan, 2007) como un melodrama predecible que es contado a partir de la música.
Los amantes de la música fuimos bendecidos por los aparatos de reproducción musical portátiles, no como una manera de aislarnos del mundo, sino blindarnos de tanto artista preelaborado cuyo brillo se asemeja a la llama de una hoja de papel: intensa, voraz y efímera; de modo que es posible detallar notas con precisión, encontrar las palabras ocultas en una frase y sonreír mientras se camina por una calle abarrotada de gente con gestos adustos.
August Rush es la historia de cómo la música salva muchas vidas, pues es un arte superior que toca las partes más sensibles de nuestro ser, evoca buenos tiempos y, sobre todo, es un magnífica compañera en tiempos difíciles. Es una película recomendada para melómanos.
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