Archivo | febrero 2013

El hombre en búsqueda del destino, Viktor Frankl

Man's Search for MeaningMan’s Search for Meaning by Viktor E. Frankl
My rating: 5 of 5 stars

Este es un relato que conmueve, inspira y provoca en el lector un análisis frente a las adversidades diarias, esos retos que fortalecen el espíritu y engrandecen la sabiduría de quien aprende las lecciones de la vida. Como prisionero de un campo de concentración nazi, Frankl enfrentó las múltiples facetas de la vida cuando la muerte es inminente, donde sobrevivir expone lo peor y lo mejor de las personas, sin juzgar ni hacer reflexiones a la luz de la religión o cualquier recurso espiritual.

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Angélica Bello

Angélica Bello es otra víctima revictimizada permanentemente por un Estado que en su ineptitud y abulia es cómplice, porque en Colombia las víctimas deben quedarse calladitas y resignadas a la tragedia que les tocó vivir en carne propia, de modo que no alteren la estabilidad que construyen los gobernantes de turno.
La historia de esta defensora de derechos humanos, quien se atrevió a reclamarle a un estado cuya mediocridad y ausencia patrocinan la violencia del país, refleja la situación de miles de personas en varias partes de Colombia: sus hijas fueron secuestradas para ser utilizadas como esclavas sexuales de los paramilitares de Casanare; desesperada, acudió al comandante para interceder por la libertad de estas mujeres; al final, no las asesinaron pero las condenaron al destierro inmediato. Tras mendigar ayudas en varias organizaciones, tocaron las puertas del Ministerio del Interior y el programa de ayuda a los desplazados, en donde conoció varias mujeres que estaban en su misma situación, razón por la que poco a poco fue liderando este grupo de víctimas. Inconforme con su protagonismo, la violencia llegó a su cuerpo: fue violada e intimidada para que “se callara la boca”.
Acosada por las amenazas, que en Colombia suelen cumplirse, llegó hasta Codazzi, Cesar, en donde murió en extrañas circunstancias, pues según el reporte de la Policía, se suicidó con el arma de uno de sus guardaespaldas. Sin embargo, personas que hablaron con ella horas antes de la muerte, aseguran que no advirtieron ninguna señal de alarma.
Tristemente, la lección evidencia la macabra despreocupación de un Estado para quien las víctimas son un obstáculo en la cacareada “reconciliación nacional”. De lo poco que se sabe de los diálogos entre el gobierno colombiano y las FARC en La Habana (Cuba), no hay menores indicios que mencionen a las víctimas de la guerra, expuestas a ambos bandos, que las atacan incesantemente. Mientras tanto, aparecen las fotos de un comandante montado en una motocicleta Haley Davidson, quien dice recordar episodios de su niñez ( tal vez el secuestro sea una hermosa parábola de algún juego infantil).
Perseguidas hasta la muerte, como lo fue el caso de Yolanda Izquierdo, la víctimas en Colombia siguen expuestas a la violencia, ya sea por la incapacidad de un gobierno que solo las necesita cuando debe repuntar en las encuestas de favorabilidad, o por el frío aliento de las balas que esperan el momento para zanjar obstáculos en el proceso de refundar la patria.

Amour (2012)



No es una película sobre el amor de unos viejos, ni una historia romántica. Mucho menos cuenta cómo el amor vence todos los obstáculos; al contrario, es una historia cruda, cuya realidad llega a ser fuerte, como ocurre en la vida real.
De entrada, Michael Haneke (La profesora de piano, 2001; Cache, 2005; La cinta blanca, 2009) es claro: una mujer lleva mucho tiempo muerta; simultáneamente sumerge al espectador en un ambiente en el que es capaz de describir el olor de la muerte, de esta manera quien ve la película llega conocer cada rincón del apartamento en el que se desarrolla la historia.
Es una historia con silencios que en ocasiones se hacen eternos, cuyos diálogos muestran el drama de personas que sufren y sienten desasosiego por tratar de llevar su existencia hasta el final del día, cuando la desesperanza agradecería tan solo el final del sufrimiento que se padece a diario. Hay escenas largas, con diálogos cotidianos y silencios incómodos que obligan al espectador a fijarse en los detalles del apartamento de una pareja de viejos, cuya vida aún evoca cierta confianza el amor en plenos tiempos de indecisión y temor. La vida de estos personajes se desarrolla en medio del arte, especialmente la música, pero llega un momento en que ni siquiera la belleza logra paliar el sufrimiento de una enfermedad degenerativa.
Victor Frankl, siquiatra austriaco que sobrevivió a un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba que los retos que propone la vida determinan el heroísmo y el valor de las personas que los enfrentan, pero en Amour no hay siquiera héroes, pues los hombres saben que la vejez llega con retos que recuerdan la inminencia de la muerte.
No es una película fácil de comprender, no hay situaciones cómicas que ayuden a sobrellevar el desenlace de la historia, ni un gran discurso final que enaltece los sentimientos humanos; tal vez por esa humanidad -desgarradora e íntima- que viven las personas a diario es que no hay espacios para juzgar ni compadecer, pues sabemos que Haneke retrata en dos horas la esencia de las personas ante la aparición lejana de la muerte.

Famas y cronopios, Julio Cortázar.

Historias de cronopios y famas/Un tal Lucas

Historias de cronopios y famas/Un tal Lucas by Julio Cortázar
My rating: 2 of 5 stars

Casi expuesto a la lapidación de los intelectuales de Latinoamérica: tras la lectura de Famas y cronopios queda una sensación vacua en la cabeza, con historias sueltas, relatos libres que no tejen un relato; sino que más bien, parecen notas escritas con afán antes de que terminara el horario laboral. Un juego de palabras que no me dejaron satisfecho.

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Zero Dark Thirty (2012)




Kathryn Bigelow (ganadora del Oscar como mejor directora con The Hurt Locker en el 2010) vuelve a soñar con un segundo premio, esta vez con Zero Dark Thirty, en el que recrea la historia que llevó al asesinato del enemigo público número uno de Estados Unidos: Osama Bin Laden.

No es una película de acción, colmada de intrigas ni traiciones; sino el thriller policiaco de un ratón de biblioteca, quien contrasta pistas e investiga cualquier indicio en medio de un ambiente hostil, creado por el enemigo sin rostro ni bandera que es el terrorismo trasnacional (liderado por Al Quaeda). Tampoco se trata de una crítica moral a los métodos usados por la CIA en la cacería que significa ubicar a Bin Laden.
A pesar de las grandes similitudes técnicas con The Hurt locker, como la cámara al hombro y rápidos movimiento, es una película de un ritmo lento que demanda de la paciencia del espectador para que arme una ruta con las pistas que la joven investigadora Maya (jessica Chastain). Quien ve esta película sabe que las grandes obras demandan mucha paciencia y sagacidad; sin embargo, muchas son las personas que van muriendo en este proceso en el que el terrorismo tiene cualquier rostro y aparece en cualquier momento.

Django unchained (2012)

Cualquier simpatizante de la filmografía de Quentin Tarantino tiene una idea clara sobre sus películas: la venganza -en cualquier escenario o época histórica- como generadora de una historia en el que el número de muertos se puede perder con facilidad. Además, Tarantino gusta de hacer homenajes a grande hitos del cine de la década de los setenta; así lo hizo con Kill Bill, cuando colmó los ojos de los espectadores de cientos de referencias a las películas de artes marciales de aquellos países orientales.

En Django hace un sentido homenaje a los “spagetti western”, en el que incursiona el mismísimo Franco Nero, conocido en Colombia por sus travesuras amorosas durante la filmación de Crónica de una muerte anunciada, pero más famoso aún por encarnar un vaquero renegado en los setenta, llamado Django. Otra referencia evidente es la inspiración de Enio Morricone en el tema principal de la película.
No es una película fácil de digerir para personas suceptibles a la sangre o la crueldad campante en los estados esclavistas del sur de Estados Unidos. Tarantino recurre a sus “técnicas tradicionales” donde la violencia llega a límites cómicos, con movimientos de cámaras inesperados, muertos a granel y diálogos sesudos, que al final sirven para entretener al espectador durante las casi tres horas (2 horas y 46 minutos) que dura la película.
A pesar de sentarme con cierta prevención sobre la reiteración de Tarantino (como tristemente le ha pasado a Guy Ritchie), es claro que este director siempre sorprende con puesta en escena frescas, en contextos históricos claros y con personajes bien interpretados.
Nota final: evite llevar sus hijos pequeños a ver esta película.

Django unchained (2012)

Cualquier simpatizante de la filmografía de Quentin Tarantino tiene una idea clara sobre sus películas: la venganza -en cualquier escenario o época histórica- como generador de historia en el que el número de muertos se puede perder con facilidad. Además, Tarantino gusta de hacer homenajes a grande hitos del cine de la década de los setenta; así lo hizo con Kill Bill, cuando colmó los ojos de los espectadores de cientos de referencias a las películas de artes marciales de aquellos países orientales.

En Django hace un sentido homenaje a los “spagetti western”, en el que incursiona el mismísimo Franco Nero, conocido en Colombia por sus travesuras amorosas durante la filmación de Crónica de una muerte anunciada, pero más famoso aún por encarnar un vaquero renegado en los setenta, llamado Django. Otra referencia evidente es la inspiración de Enio Morricone en el tema principal de la película.

No es una película fácil de digerir para personas suceptibles a la sangre o la crueldad campante en los estados esclavistas del sur de Estados Unidos. Tarantino recurre a sus “técnicas tradicionales” donde la violencia llega a límites cómicos, con movimientos de cámaras inesperados, muertos a granel y diálogos sesudos, que al final sirven para entretener al espectador durante las casi tres horas (2 horas y 46 minutos) que dura la película.

A pesar de sentarme con cierta prevención sobre la reiteración de Tarantino (como tristemente le ha pasado a Guy Ritchie), es claro que este director siempre sorprende con puesta en escena frescas, en contextos históricos claros y con personajes bien interpretados.

Nota final: evite llevar sus hijos pequeños a ver esta película.