"McLove"

A una semana de la celebración del día de San Valentín es inevitable analizar la manera como se han mercantilizado las fiestas, en especial esta, que no está ligada a ninguna conmemoración religiosa o histórica, lo que deja en evidencia las motivaciones comerciales, mientras que para algunos románticos el amor es una fiesta que se debe celebrar en cada instante.
El afán por demostrar el amor a una persona está cimentado en cómo queremos que los demás perciban nuestra felicidad, tal vez porque en los tiempos actuales el amor es una especie de Santo Grial, un mito que promete la felicidad inmediata y perenne –aunque confieso que en los momentos románticos fácilmente uno se siente eterno-. No en vano abundan canciones, películas y libros que giran en torno a los sentimientos que mueven el músculo cardiaco como carabela frente a algún huracán en el Caribe.
Muchos memorizamos con devoción los versos de Mario Benedetti durante la juventud e inevitablemente existe alguna canción que evoca tiempos felices junto a la persona amada; luego, un puñetazo de Tyson: desamor, despecho, tratar de sobrevivir con ese hueco en el pecho que duele en cada suspiro, contener ese nudo en la garganta que deja un rastro de amargura en la boca y hacer todo lo posible para llegar al final del día.
Las relaciones actuales solo evidencian el modo de vida actual: desechables, rápidas e intensas, como aquellas canciones que sonaron hasta el fastidio y luego, con el paso del tiempo, uno se percata de lo malas y repetitivas que pueden llegar a ser. Todos nos relacionamos, pero pocos son los que se comprometen, con el riesgo de ser tachados de “intensos” por tratar de ir más allá de estar vivo, para atreverse a vivir.
Las relaciones ligeras que propone el mundo actual se nos presentan como la garantía de placer si remordimientos ni sufrimiento, pues nadie gusta de sufrir con frecuencia. Se trata de sacar el mejor provecho en el menor tiempo posible, una especie de franquicia de McDonalds sentimental, donde cada quien sabe qué es lo que quiere, en donde las comidas rápidas inspiran el “amor rápido”. Al final, cuando asoma algún inconveniente, resulta mejor alejarse. A pesar de tener a alguien al lado, si no se siente el apoyo o la compañía de esa persona, aparece la peor de las soledades: cuando me siento solo a pesar de estar acompañado.
Los amores son desechables, de nada vale pensar en la otra persona, pues el egoísmo en el sentimiento común en este tipo de relaciones, en las que no es posible construir, escuchar, confrontar y atreverse a construir una relación con paciencia y sapiencia. Se trata de comprender que hay un compañero en el camino, alguien que abre sus sentimientos a pesar de que persiste el miedo a resultar herido en cualquier momento, pues es una alerta permanente que nos aleja del sufrimiento. Las relaciones actuales deben ser breves, agradables y fáciles
Tanto miedo y precaución hacia la otra persona solo evidencia las propias inseguridades, pues el amor es un sentimiento que no se debe mendigar, sino que debe crecer dentro de cada uno. 
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