Amour (2012)



No es una película sobre el amor de unos viejos, ni una historia romántica. Mucho menos cuenta cómo el amor vence todos los obstáculos; al contrario, es una historia cruda, cuya realidad llega a ser fuerte, como ocurre en la vida real.
De entrada, Michael Haneke (La profesora de piano, 2001; Cache, 2005; La cinta blanca, 2009) es claro: una mujer lleva mucho tiempo muerta; simultáneamente sumerge al espectador en un ambiente en el que es capaz de describir el olor de la muerte, de esta manera quien ve la película llega conocer cada rincón del apartamento en el que se desarrolla la historia.
Es una historia con silencios que en ocasiones se hacen eternos, cuyos diálogos muestran el drama de personas que sufren y sienten desasosiego por tratar de llevar su existencia hasta el final del día, cuando la desesperanza agradecería tan solo el final del sufrimiento que se padece a diario. Hay escenas largas, con diálogos cotidianos y silencios incómodos que obligan al espectador a fijarse en los detalles del apartamento de una pareja de viejos, cuya vida aún evoca cierta confianza el amor en plenos tiempos de indecisión y temor. La vida de estos personajes se desarrolla en medio del arte, especialmente la música, pero llega un momento en que ni siquiera la belleza logra paliar el sufrimiento de una enfermedad degenerativa.
Victor Frankl, siquiatra austriaco que sobrevivió a un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba que los retos que propone la vida determinan el heroísmo y el valor de las personas que los enfrentan, pero en Amour no hay siquiera héroes, pues los hombres saben que la vejez llega con retos que recuerdan la inminencia de la muerte.
No es una película fácil de comprender, no hay situaciones cómicas que ayuden a sobrellevar el desenlace de la historia, ni un gran discurso final que enaltece los sentimientos humanos; tal vez por esa humanidad -desgarradora e íntima- que viven las personas a diario es que no hay espacios para juzgar ni compadecer, pues sabemos que Haneke retrata en dos horas la esencia de las personas ante la aparición lejana de la muerte.
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