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2015: nuevo inicio

Evitar los lugares comunes, formatos desgastados por la tradición y frases que han perdido su calidez de tanto usarlas, son los retos al escribir en esta época de fin de año. Prescindo elaborar una lista de buenos deseos sin sonar como un motivador, ni hacer reflexiones vacuas, repetidas en estos días de asueto que pasan despacio, cuando la mente busca ese espacio cómodo y condescendiente en el que todos los errores son justificados (con bastante cinismo) y las buenas intenciones se reciclan cada 12 meses.

Hace tres años que no escribía esta nota, la cual se había hecho tradicional para algunos de mis lectores, quienes reclamaban mi olvido e ingratitud. Aclaro que estaba viajando y no podía concentrarme para escribir adecuadamente. De cierto modo, estas líneas están pensadas en ustedes, personas que conocen mi pensamiento y sonrisa, quienes saben interpretar una mirada o un silencio, toda una proeza en estos tiempos de teléfonos inteligentes e ideas inspiradas en topic trendings.

Lejos de la euforia de las fiestas y esa voracidad del ego manifestada en la compulsiva acción de alardear en las redes sociales, mostrarnos alegres per se no es más que una enfermedad que me aterra, pues contrasta con la crueldad de un mundo violento y deshumanizado. Lo real es tener miedo, estar a la defensiva y mirar para otro lado mientras que los problemas ocurren.

La felicidad llega al tener gratas noticias de cada uno de ustedes, verlos llenos de valor al enfrentar la realidad, apretar los dientes, mantener la respiración y afrontar la cotidianidad sin perder las razones para sonreír, hallar momentos de felicidad y darse cuenta de que vale la pena luchar por lo que uno quiere lograr. No hay lugar para la envidia cuando aprecio a las personas; a pesar de las distancias o la brevedad del tiempo, saberlos alegres, fuertes y perseverantes me llena de orgullo.

Sólo me queda agradecer por su presencia, sus palabras e incluso por los “me gusta”. Sin importar el tiempo, será grato verlos, escucharlos, recordar lo vivido y sonreír un rato, sentirlos vitales me anima, pues sé que no estamos solos.

Mis propósitos para el 2015 serán algo extraños: evitar tomarme fotos mientras entreno (literalmente las fotos quedan corridas), disfrutar un café sin subirlo a Instagram, trinar ni indignación y sentirme superior por cualquier acto que cualquier persona hacía antes de que los teléfonos inteligentes abrieran esa rendija por la que reclamamos nuestro derecho a la fama. Un brindis por su salud y la de sus familias; prosperidad, manifestada en ser felices con lo que tenemos; sabiduría para sortear las dificultades y retos; y que la vida vuelva a cruzar nuestros destinos (realmente estamos a una llamada de distancia).

Django unchained (2012)

Cualquier simpatizante de la filmografía de Quentin Tarantino tiene una idea clara sobre sus películas: la venganza -en cualquier escenario o época histórica- como generador de historia en el que el número de muertos se puede perder con facilidad. Además, Tarantino gusta de hacer homenajes a grande hitos del cine de la década de los setenta; así lo hizo con Kill Bill, cuando colmó los ojos de los espectadores de cientos de referencias a las películas de artes marciales de aquellos países orientales.

En Django hace un sentido homenaje a los “spagetti western”, en el que incursiona el mismísimo Franco Nero, conocido en Colombia por sus travesuras amorosas durante la filmación de Crónica de una muerte anunciada, pero más famoso aún por encarnar un vaquero renegado en los setenta, llamado Django. Otra referencia evidente es la inspiración de Enio Morricone en el tema principal de la película.

No es una película fácil de digerir para personas suceptibles a la sangre o la crueldad campante en los estados esclavistas del sur de Estados Unidos. Tarantino recurre a sus “técnicas tradicionales” donde la violencia llega a límites cómicos, con movimientos de cámaras inesperados, muertos a granel y diálogos sesudos, que al final sirven para entretener al espectador durante las casi tres horas (2 horas y 46 minutos) que dura la película.

A pesar de sentarme con cierta prevención sobre la reiteración de Tarantino (como tristemente le ha pasado a Guy Ritchie), es claro que este director siempre sorprende con puesta en escena frescas, en contextos históricos claros y con personajes bien interpretados.

Nota final: evite llevar sus hijos pequeños a ver esta película.

El túnel, Ernesto Sábato

¿Qué hacer cuando el mundo nos parece trivial? Algunos escriben en blog, otros sueñan con vivir en Londres o Nueva York y unos se refugian en el cine o los libros para escapar de la vacuidad de las demás personas. Sin embargo, al salir el sol hay que afrontar la realidad, tomar un bus y socializar con los compañeros de trabajo. La lección  de Ernesto Sábato es clara, los demás son el antídoto para esos circunloquios que nos llenan de desconfianza hasta atravesar el portal de la paranoia.
El túnel es una obra sicológica en la que un pintor se obsesiona con una mujer que rompe con ese mundo que él ha construido, en donde las sombras y el desprecio predominan sobre cualquier asomo de alegría.  


El túnelEl túnel by Ernesto Sábato
My rating: 5 of 5 stars

¿Qué hacer cuando el mundo nos parece trivial? Algunos escriben en blog, otros sueñan con vivir en Londres o Nueva York y unos se refugian en el cine o los libros para escapar de la vacuidad de las demás personas. Sin embargo, al salir el sol hay que afrontar la realidad, tomar un bus y socializar con los compañeros de trabajo. La lección de Ernesto Sábato es clara, los demás son el antídoto para esos circunloquios que nos llenan de desconfianza hasta atravesar el portal de la paranoia.
El túnel es una obra sicológica en la que un pintor se obsesiona con una mujer que rompe con ese mundo que él ha construido, en donde las sombras y el desprecio predominan sobre cualquier asomo de alegría.

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"McLove"

A una semana de la celebración del día de San Valentín es inevitable analizar la manera como se han mercantilizado las fiestas, en especial esta, que no está ligada a ninguna conmemoración religiosa o histórica, lo que deja en evidencia las motivaciones comerciales, mientras que para algunos románticos el amor es una fiesta que se debe celebrar en cada instante.
El afán por demostrar el amor a una persona está cimentado en cómo queremos que los demás perciban nuestra felicidad, tal vez porque en los tiempos actuales el amor es una especie de Santo Grial, un mito que promete la felicidad inmediata y perenne –aunque confieso que en los momentos románticos fácilmente uno se siente eterno-. No en vano abundan canciones, películas y libros que giran en torno a los sentimientos que mueven el músculo cardiaco como carabela frente a algún huracán en el Caribe.
Muchos memorizamos con devoción los versos de Mario Benedetti durante la juventud e inevitablemente existe alguna canción que evoca tiempos felices junto a la persona amada; luego, un puñetazo de Tyson: desamor, despecho, tratar de sobrevivir con ese hueco en el pecho que duele en cada suspiro, contener ese nudo en la garganta que deja un rastro de amargura en la boca y hacer todo lo posible para llegar al final del día.
Las relaciones actuales solo evidencian el modo de vida actual: desechables, rápidas e intensas, como aquellas canciones que sonaron hasta el fastidio y luego, con el paso del tiempo, uno se percata de lo malas y repetitivas que pueden llegar a ser. Todos nos relacionamos, pero pocos son los que se comprometen, con el riesgo de ser tachados de “intensos” por tratar de ir más allá de estar vivo, para atreverse a vivir.
Las relaciones ligeras que propone el mundo actual se nos presentan como la garantía de placer si remordimientos ni sufrimiento, pues nadie gusta de sufrir con frecuencia. Se trata de sacar el mejor provecho en el menor tiempo posible, una especie de franquicia de McDonalds sentimental, donde cada quien sabe qué es lo que quiere, en donde las comidas rápidas inspiran el “amor rápido”. Al final, cuando asoma algún inconveniente, resulta mejor alejarse. A pesar de tener a alguien al lado, si no se siente el apoyo o la compañía de esa persona, aparece la peor de las soledades: cuando me siento solo a pesar de estar acompañado.
Los amores son desechables, de nada vale pensar en la otra persona, pues el egoísmo en el sentimiento común en este tipo de relaciones, en las que no es posible construir, escuchar, confrontar y atreverse a construir una relación con paciencia y sapiencia. Se trata de comprender que hay un compañero en el camino, alguien que abre sus sentimientos a pesar de que persiste el miedo a resultar herido en cualquier momento, pues es una alerta permanente que nos aleja del sufrimiento. Las relaciones actuales deben ser breves, agradables y fáciles
Tanto miedo y precaución hacia la otra persona solo evidencia las propias inseguridades, pues el amor es un sentimiento que no se debe mendigar, sino que debe crecer dentro de cada uno. 

El grillete blanco

La cotidianidad otorga al ser humano la somera sensación de tener el poder sobre su existencia. Sentir que se tiene el poder sobre el tiempo y las acciones futuras, permite hacer planes y soñar con las cosas que pueden pasar en un mañana. Sin embargo, frente a los repentinos giros de la existencia, condicionados a la fortuna, el hombre enfrenta miles de problemas que se erigen como un reto que permite reconocer sus fortalezas, miedos y capacidades.
En los momentos de crisis estamos más cercanos a la fragilidad, aquel elemento que ignoramos con una insolente facilidad. Al sentir el asecho de la vulnerabilidad imanente, enfrentamos los aspectos claves de nuestras debilidades, no como los errores y resabios que forman parte del carácter de cualquier persona, sino aquella condición que nos aleja de la inmortalidad creada por el vértigo de lo baladí que imponen la cotidianidad y la incesante ráfaga informativa.
En una típica mañana bogotana de sábado –gris, fría y con asomos de llovizna-, tras el ascenso al cerro de Monserrate, al bajar resbalé por un peldaño y caí: luxofractura del tobillo izquierdo, donde se rompió el peroné. En este momento, aún trato de comprender qué pasó, qué pude hacer para evitar que este suceso ocurriera y tras estas preguntas una serie de autorecriminaciones, sin olvidar culpar a los políticos de turno y demás excusas relacionadas con la injusticia y el Estado ineficiente. Aunque debo apuntar que la abulia de los miembros de la Policía Nacional frente a mi caso es una afrenta a un ciudadano que paga impuestos.

Así lucía mi tobillo izquierdo tras el accidente.

El primer miedo que enfrenta un colombiano ante esta situación es pasar por los trámites de salud. En honor a la verdad, reconozco que Sanitas EPS se ha comportado con eficiencia, respeto y consideración en todo momento. He encontrado un grupo humano altamente profesional, con un claro concepto de servicio y compromiso con aquellas personas cuya salud se ve afectada.
Una vez hecha la valoración, con el yeso puesto y  una incapacidad de 30 días, comienzan las reflexiones. Adaptar un sitio de trabajo, cumplir con los compromisos adquiridos… en fin, se trata de hallar la manera de sobreponerse a los límites de mi movilidad, aceptar la ayuda de mi madre para la comida, tender la cama y que mi cuerpo reconozca que no puede tener el habitual ritmo de actividad, que incluye tender la cama, bañarme rápido para ahorrar agua, correr, ir al gimnasio, caminar, montar bicicleta o ir al cine. Todas mis actividades se ven limitadas por el yeso en mi pierna izquierda –aquél grillete blanco-.

Así amaneció en día siguiente
Tras la cirugía de osteosíntesis, siguen 30 días de recuperación.
Han sido cancelados varios eventos que tenía programados: carrera nike, fiestas de disfraces o la carrera Unicef. Hace poco, la mujer que me atrae mucho me invitó a un seminario musical, invitación que rechacé con tristeza, pues mis limitaciones de movilidad son un problema grave en una ciudad con semejantes problemas de tráfico, debido a que repentinamente se origina un trancón con la simple pinchada de un carro.
Una de las cosas que más lamento es no poder mantener el contacto con la mujer que mencioné anteriormente. Aunque pareciera contradictorio en la actual época de las comunicaciones, admito que me gusta verla, olerla, saber cómo está vestida, comprender la manera como enlaza sus palabras con los tonos y los movimientos de sus manos, ver sus gestos –en especial su sonrisa- y todos aquellos detalles en solo pueden ser percibidos por los sentidos de forma simultánea. Se trata de una sinestesia de la que ella es eje de una serie de sentimientos que me reconfortan, en la que no soporto tener una charla por el chat o vía skype, pues necesito sentirla.
Tras la cirugía que busca recomponer la fractura (osteosíntesis en el idioma de los ortopedistas y traumatólogos), inicia una lenta recuperación de 30 días –algo que no le va a gustar mucho a mi jefe-. Hasta el momento ha sido un tiempo para reencontrarme con la lectura y la escritura, evitar ver televisión y volver a escribir. El tiempo libre me ha permitido planificar un viaje el otro año, determinar algunas prioridades inmediatas que mejoren mi calidad de vida.
No es fácil admitir que una piedra húmeda evidenció mi carácter mortal, que me mostró la fragilidad que mi ego ignora con soberbia. Es difícil enfrentar un nuevo rol cuando tenía aprendido todo el libreto, reconocer mi cuerpo con ese pesado lastre que me recuerda que al final, todos moriremos y pocos serán héroes. Pocos aceptan el dolor y la angustia del heroísmo sin que ese sacrificio al menos esté asociado al reconocimiento o admiración de los demás mortales.

México lindo y querido

México es una nación que seduce por todos los sentidos, donde su gente se convierte en el mayor patrimonio. La música se alza como manifestación cultural de una nación ancestral, orgullosa de su historia y comprometida con su familia; la comida es aquel patrimonio que hace que nadie se sienta forastero en aquella tierra, donde los olores, colores y sabores provocan para crear un lazo espiritual con los antepasados Aztecas; los paisajes funden un crisol cosmopolita que demuestra que la cotidianidad es bella si tan solo nos atrevemos a apreciarla por unos instantes.