Interstellar (2014)


El ser humano tiene una fascinación natural por la eternidad, extender su existencia más allá de la muerte (clave del mercadeo de las religiones modernas) y desafiarla hasta la locura (basta con ver las tumbas de los faraones egipcios para saber que el ego puede extenderse más allá de la locura).

Christopher Nolan (Memento -2000-, Inception -2010-)presenta un mundo agonizante donde la hambruna se asoma desafiante y vanidosa, pues sabe que llegará el momento de la victoria: la eliminación de la raza humana por hambre o asfixia. Mientras los granjeros ven cómo sus cosechas son arrasadas por una plaga que sólo deja polvo y la certeza de un futuro sombrío, Cooper (Matthew McConaughey) trata de sobrevivir entre las explicaciones lógicas y racionales para los problemas que se le presentan a un granjero normal: viudo, dos hijos y un pasado innecesario para su realidad.

Gracias a sus conocimientos, Cooper es elegido para integrar una misión: hallar otro planeta donde la humanidad tenga una segunda oportunidad. En este momento aparecen las teorías de viajes entre dimensiones, las implicaciones de viajar a la velocidad de la luz (gracias Carl Sagan) y la sensación de fragilidad al depender de robots mientras los humanos duermen (gracias Stanley Kubrick).

Los diálogos científicos son fluidos y forman parte vital del desarrollo de la película, mientras el tiempo que transcurre en la tierra se cierne como un péndulo mortal. Es una producción impecable cuyos giros plantean algo más allá de las configuraciones de tiempo, espacio y gravedad, sino la necesidad de cuidarnos como raza, desapareceremos de la Tierra, pero el planeta sobrevivirá varios millones de millones de años, hasta que desaparezca junto con el sistema solar actual.

Tal vez esa locura de perpetuarnos hasta la eternidad no permita entender que hay un futuro que las próximas generaciones también merecen vivir, aceptar nuestra realidad y comprender que no viviremos por siempre, pues en 100 años seremos un olvido, un pensamiento o un recuerdo vago. Somos una especie más que no merece la perpetuidad: basta con mirar lo que le hacemos diariamente al planeta, pues solo vivimos en la locura del egoísmo.

El peligro alegre

Los amantes del buen fútbol estamos gozando con el Mundial en Brasil, partidos con goles y buena calidad, tribunas alegres y equipos que se atreven a buscar la victoria. La selección Colombia está escribiendo su propia historia con un juego vistoso, disciplinado y sediento de hacer historia; sin dudas, está a la altura del Campeonato organizado por la voraz y arrogante FIFA.

Dice el adagio que el camino a la victoria está colmado de adversidades, lo que enaltece llegar a la meta; sin embargo, la zozobra cuando juega la selección surge ante la amenaza que significa la celebración de los colombianos. Ante la exaltación colectiva gobernantes locales han decretado la ley seca o el toque de queda para garantizar la integridad de los ciudadanos, pues han sido varias las riñas con heridos y muertos.

Colombia es un país donde celebrar un triunfo deportivo se ha convertido en una amenaza pública, pues la mezcla de licor, euforia reprimida y falta de respeto por los demás ciudadanos constituye una mezcla explosiva con lamentables resultados.

Existe una falta de cohesión social entre los colombianos, evidente en estos escenarios, donde exhibimos el poder que creemos tener, desafiamos las leyes establecidas y se irrespeta a una autoridad cuya incompetencia raya en la complicidad. Aflora el macho que impone su propia visión de lo que significa la “colombianidad”, asociada al bullicio, el desorden y la falta de consideración por los demás.

Este triste teatro imita el legado de la cultura del narcotraficante ostentoso, arrogante e ignorante, un bandido admirado por el poder del terror y la muerte, quien logra sobresalir ante una serie de adversidades en un país desigual y casi monárquico. Los héroes que inspiran a la sociedad están asociados al narcotráfico, la trampa y la impunidad, afrenta a valores como el trabajo, el estudio y el esfuerzo diario.

La exhibición de la intimidación se ve frecuentemente en frases como “si lo veo, le doy en la cara, marica…” dicha por aquél vetusto personaje cuya nostalgia del poder afecta su raciocinio, inundado por el odio y la bellaquería; quien, de paso, quitó la poca majestad que le quedaba al título de Presidente.

La polarización no sólo afecta la estabilidad política de una sociedad que enfrenta el difícil reto de acoger a quienes dejarán las armas y someterse a la justicia; también influye en la manera como los ciudadanos dirimen sus conflictos, comprenden sus diferencias y solucionan sus inconvenientes sin que medie la violencia o intimidación.

Resaca electoral

No hay un ambiente triunfalista en la Casa de Nariño, tampoco aquella polarización con ínfulas de guerra civil en la campaña perdedora de Óscar Iván Zuluaga; más bien hay una sensación de agotamiento, en una campaña presidencial que se alargó tres semanas, la cual no se caracterizó por un debate argumentado sobre el país en los próximos cuatro años, sino en una serie de bajezas que hicieron mella en el nombre y credibilidad de varios personajes (periodistas y expresidentes incluidos).

Santos continúa siendo el presidente de Colombia por otros cuatro años, no por su popularidad ni el éxito de su gestión, sino por el miedo de que en Colombia se instaure una dictadura civil, retardataria y rencorosa, que no admite contradictores ni mesura.

Hubo un llamado al voto pragmático ante los diálogos en La Habana, una oportunidad de sellar esa vergonzosa constante histórica que asocia nuestro sino con la violencia engendrada en el campo –desde Marquetalia hasta Ralito-; sin embargo, no es un voto de confianza unánime, pues el Presidente no exhibe una victoria contundente, sino una decisión dividida en una sociedad apática (abstencionista) y dividida (considerar los votos del Centro Democrático).

El reto de Juan Manuel Santos no sólo está en el éxito de las negociaciones con las FARC, cuyo letargo y misterio es terreno fértil para la desconfianza y el temor; también debe aglutinar a todos los actores de la sociedad –enemigos y contradictores incluidos- para crear un proyecto de nación en el que todos participen, donde las diferencias enriquezcan mutuamente antes de matarnos por el miedo que algunos incendiarios siembran esperando que germine el odio y la venganza, pues es la única justicia que reconocen.

El proceso, Franz Kafka

The TrialThe Trial by Franz Kafka
My rating: 5 of 5 stars

Triste decirlo: tras leer El proceso de Franz Kafka un colombiano siente que está leyendo la perfecta descripción del sistema judicial de su país: procesos que no son claros, jueces arbitrarios, investigadores corruptos y prestos a servir al mejor postor (mercenarios del Derecho), funcionarios tan ignorantes como arrogantes y acusados rendidos ante la tiranía de los decretos, las leyes, incisos, parágrafos y demás recovecos jurídicos.
Es la perfecta descripción de un patético escenario: hombrecitos de diminuta autoestima que encuentra en la lisonja y la lambonería el camino para hacerse parásitos de los poderosos, de modo que pueden alardear de las migajas que reciben desde arriba; aristócratas ignorantes y mediocres que detentan un poder heredado, cuya vanidad es alimentada por miles de aduladores con segundas y terceras intensiones.
Una novela bien escrita, con pasajes laberínticos y reflexiones vacuas que evidencian la pobredumbre de nuestro sistema judicial.


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Blue Jasmine (2013)



Woody Allen muestra una historia bipolar, con éxitos y fracasos, en los que un par de hermanas (adoptadas pero criadas por los mismos padres) realizan su búsqueda de la felicidad.  Jasmine (interpretada por Kate Blanchet), una aristocrática y simpática mujer de Nueva York para quien su mundo se derrumbó de repente, busca refugio en la compañía de Ginger, su única hermana, separada y madre de dos hijos, que sobrevive en San Francisco.

El derrumbe del mundo refinado y elegante de Jasmine aún retumba al otro lado de la costa de los Estados Unidos. Jasmine trata de reconstruir su vida, aun cuando los recuerdos de un pasado maravilloso retumban desde la Gran manzana. Sin embargo, la felicidad que añora Jasmine estaba basada en ignorar las situaciones incómodas, mirar para otro lado cuando el panorama no era alentador o evadir las alertas que todos los demás ven.

El mundo de Alice no es menos triste: separada, con dos hijos y un trabajo que apenas le da para sobrevivir mientras que espera encontrar un amor que le dé un poco de esperanza a su rutinaria y mediocre vida, a la que ella está resignada a aceptar como venga.

Allen demuestra que sus historias son vigentes, escarba los dramas humanos posteriores a la crisis hipotecaria de 2008 para decirle al espectador que la felicidad no es una colección de logros, sino una serie de capitulaciones a nuestros sueños y aspiraciones. 

Enciclopedie, Philipp Blom

Enlightening the World: Encyclopédie, The Book That Changed the Course of HistoryEnlightening the World: Encyclopédie, The Book That Changed the Course of History by Philipp Blom
My rating: 4 of 5 stars

Es un relato bien documentado, con un lenguaje equilibrado que escarba en el trasfondo de una de las grandes obras de la humanidad: Enciclopedié, la cual enfrentó desde los terrenos del pensamiento a los rezagos de las vetustas instituciones del medioevo europeo (Monarquía y la Iglesía).
No es exagerado su subtítulo: “el triunfo de la razón en tiempos irracionales”. Los filósofos liderados por Diderot y D’alembert emprendieron una de las obras intelectuales más encomiables, cuyos errores y discrepancias personales, lejos de opacarla, la dotan de una belleza admirable.

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American pastoral, Phillip Roth

American Pastoral (The American Trilogy #1)American Pastoral by Philip Roth
My rating: 3 of 5 stars

La literatura es aquel espejo que maximiza nuestros defectos –imperceptibles o ignorados-, los critica para evidenciar la podredumbre de la naturaleza humana. La prosa de Philip Roth (Newark, 1933) es cruda, fuerte y contundente en una sociedad aturdida por la obsesión del éxito, el dinero, la belleza y la felicidad eterna. Sin embargo, los circunloquios del relato, junto con la minuciosa descripción de detalles y situaciones irrelevantes para el relato, llevan al lector a concentrarse en el hilo de la historia.

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